el ritmo del verano
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Tenía 90 pesos en el cajero automático. Eran para pagar el teléfono, internet, todo. Yo había escapado. Buenos Aires era insoportable en Diciembre y más con ese clima, esa situación. Llegué a Neuquén el 19 a la mañana. Ni bien me bajé del micro, el pelado me lo dijo: se está por pudrir todo. Habían comenzado los saqueos en Rosario y en el Gran Buenos Aires. En Neuquén mismo la cosa estaba jodida. A la noche se pudrió todo, y en cierta forma agradecí estar ahí, en medio de los saqueos, siendo testigo de la historia. Pero a la noche, cuando volví a la casa de mis amigos, me encontré con el cacerolazo y los incidentes en Plaza de Mayo. Esa noche casi no dormí. A la mañana había una movilización en el centro de Neuquén. Todo muy pacífico, muy aburrido, mientras en Buenos Aires las Madres se plantaban frente a los caballos. Esa imagen, que vi en un bar del centro de Neuquén, me hizo decidir. Llamé al aeropuerto y pregunté cuando salía un vuelo. Adios dinero para pagar el teléfono. A las tres de la tarde estaba en el obelisco, avanzando con un grupo de gente. Al rato, el destino puso en mis manos una cámara fotográfica, por decirlo de alguna forma. Siguieron meses en los que solíamos pasar varios días sin dormir, tratando de contar y ser parte de la historia. Yo participaba de indymedia (en gran medida, una antesesora de los blogs y la web 2.0) , que de la noche a la mañana se había convertido en el medio preferido de todos los actores de la protesta. En ese tiempo escribí cosas que hoy hubiese contado de otra manera, pero que considero legítimas postales del estallido. Creo que muchos somos hijos de esos días. Así que acá abajo publico la serie de textos de la época que me parió.
Es una banda de Puerto Rico que canta una canción colombiana. Y sin embargo, es el himno del barrio 23 de Enero, o por lo menos de algunos salseros que encontré por ahí. Por eso mezclé la música con algunas fotos. Esto es lo que quedó.
Fue una de las primeras medidas culturales de Macri en materia de cultura. La gente que lo organizaba está haciendo circular esta carta:
Estimados músicos, bailarines, profesores, organizadores de milongas,
fotógrafos, dibujantes, docentes, medios de prensa y todos aquellos que
desde 1998 han sido parte, cada uno desde su lugar, del Festival Buenos
Aires Tango, de los Campeonatos Metropolitano y Mundial de Baile de Tango, y
de la web Tangodata :
El próximo Festival Buenos Aires Tango, ocasión en que la ciudad celebraría
por décima vez nuestro género ciudadano, no será una ocasión de festejo,
como muchos habíamos imaginado. Las autoridades de Cultura de la gestión que
asumió el último fin de semana nos han comunicado la suspensión del evento.
Lo hicieron justamente el 11 de diciembre, aunque dudo que sepan qué debía
festejarse ese día.
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(nota aparecida en la revista THC, con fotos de Nicolas Pousthomis)
Cruzamos el estacionamiento y caminamos hasta una garita de vigilancia. No hay movimientos extraños, pero igual me incomodo. Niña dice que no me preocupe, que no me van a prestar atención. Ella es sensible: adivina el temor que llevo conmigo y que se dispara en cualquier lugar de encierro, sea una cárcel, un hospital o un shopping. Niña dice que en el Borda una presencia extraña no significa nada. Ni siquiera la de ella, que transita los pasillos del hospital psiquiátrico como una princesa que renunció a sus fueros. Mi inquietud no se va con sus palabras. Hoy, antes de entrar al hospital, hablé con mi consejero en estos temas, el Psicoanalista Francés, un tipo adepto a lanzar frases como “todos podemos estar del otro lado algún día”. El Psicoanalista me advirtió, en forma algo críptica, que “el sueño es la realización alucinatoria de una fantasía sexual infantil reprimida. Las alucinaciones de un psicótico también son eso. A todos nos parece muy conocido porque nos puede pegar en cualquier momento. La locura es algo muy cercano”.
El viejo truco de visitar el manicomio y que no te dejen salir.
Porque en el fondo, lo que inquieta es eso: el saberse tan cerca de la frontera, de cruzar el límite de lo normal y encontrarse que del otro lado lo único que cambia es la intensidad del sufrimiento.

Ayer salimos 3 fotográfos a cubrir la asunción de Cristina Kirchner. Un fotógrafo adentro y dos en la calle. El resultado lo publicamos aquí. Después, también pintaron unas blanco y negro de Nico (como siempre, entre la ironía y la ternura, entre la poesía y el relato) que están acá. En lo que a mí respecta, por unos meses me voy a dedicar a no fotografiar presidentes.
Eramos náufragos post cromagnon. Con T salíamos en gira alcoholica por las calles de Buenos Aires en busca de las fiestas clandestinas en las que caer de colados. En el microcentro había un lugar que se llamaba cocoliche. Era una mezcla de bar, casa y sótano, bastante cheto, con una onda retro medio glam, pero mucho no me acuerdo. Se que la cajera nos prometió que iba a hacer un número de bondage en vivo y creo que recordar que había una señora con muchas cirugías y ropa animal print que desvariaba bastante. La cuestión es que entramos a una pista y estaba la Princesa Vale cantando para no más de 15 personas. Era este tema que está acá en el video. Ambos flasheamos y nos quedamos bailando ahí. Cuando terminó de tocar, T se acercó y le besó la mano. Así se trata a las princesas, dijo, y seguimos con nuestra gira descontrolada. Después la volvimos a ver en algunos lugares y esta letra se convirtió en todo un manifiesto.
Acabo de llegar de Caracas. Me doy cuenta que, salvo por un artículo a pedido, no escribí casi nada sobre estos 25 agitados días en la tierra de Chavez. Pensaba en el viaje de vuelta que sería dificil armar una crónica con todos los elementos formales que esta requiere, porque decidí, casi sin pensarlo, volcarme durante todo el viaje a la fotografía .
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ayer, 3 Am, palacio de Miraflores.