La Cava
“Nos soltaron la mano. Esto es una cama”. Era miércoles y el Concejo Deliberante de San Isidro estaba por declarar la emergencia en materia de seguridad. El autor de la frase, uno de los voceros del intendente Gustavo Posse, tenía dos misiones: la primera, evitar que Blumberg –un salvavidas de plomo para cualquier político– saliera en la foto con su jefe. La segunda, convencer a alguien de que los crímenes que habían sacudido a la opinión pública eran una maniobra política contra ellos. Pero, en rigor, nada le salía bien al vocero: Blumberg perseguía al intendente con la agilidad de un atleta, y él no encontraba interlocutores para sus argumentos. Las vecinas concentradas frente a la municipalidad querían cosas más sencillas: sangre, por ejemplo. El concepto quedó claro cuando una jubilada que participaba de la movilización gritó: “¡Que los maten a todos!”, y la gente que la rodeaba se le unió con frases del mismo calibre.
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