¿Y si legalizan en Paraguay?
Reginaldo es un hombre redondo. En cada risotada sus ojos se pierden bajo los pómulos, agita los brazos y sus 150 kilos tiemblan como un volcán. Por lo general transpira como testigo falso, así que siempre parece al borde del infarto. Eso no sería grave, claro, si él no fuera el piloto que nos tiene que llevar en un viejo Cesna 605 hasta la Asunción, la capital de Paraguay. Del otro lado nos espera Elvis Balbuena, el diputado que propuso legalizar la marihuana. El avión, lujo extraño por estos lados, es una cortesía de la globalización: unos cineastas irlandeses aceptaron llevarnos a cambio de oficiar de traductores. Volar nos genera dudas. Nadie quiere ser recordado como el periodista que se perdió en la selva paraguaya, con búsquedas infructuosas y noticias que a lo sumo aparecerán en la página 2 de los diarios. Lo cierto es que la otra opción son ocho horas de micro y hace un calor insoportable como para salir a la ruta. Así que allá vamos.
