Una mala noche africana
A los 16 años, Djamel subió a un barco chino. La tripulación lo descubrió en alta mar, así que ya no había forma de devolverlo. Tenía cara de niño y se comunicaba en un inglés mezclado con parte de las 500 lenguas que se hablan en Nigeria, su país de origen. Un mes después desembarcó en Argentina, en el puerto de San Lorenzo. No está muy claro cómo llegó hasta Buenos Aires. Él dice que se tomó un taxi, pero otras versiones indican que algunos africanos que también venían de polizontes o la misma prefectura lo ayudó a viajar hasta la capital. Lo cierto es que apareció en San Telmo. Y que allí se quedó.
Antes de subir al barco, en su país Djamel estuvo en un campo de prisioneros. La historia es bastante clásica en la zona: la guerrilla del Niger Delta People’s Volunteer Force secuestró a toda familia para que su padre, un abogado ligado al gobierno, se pasara a sus filas. El hombre no quería saber nada y uno de los guerrilleros le vació un cargador en la cabeza delante de Djamel y su madre. Él nunca me narró la escena completa, pero alcanza con saber algunos detalles para darse una idea.
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