Archivo

Archivo para Junio 2009

Una mala noche africana

A los 16 años, Djamel subió  a un barco chino. La tripulación lo descubrió en alta mar, así  que ya no había forma de devolverlo. Tenía cara de niño y se comunicaba en un inglés mezclado con parte de las 500 lenguas que se hablan en Nigeria, su país de origen. Un mes después desembarcó en Argentina, en el puerto de San Lorenzo. No está muy claro cómo llegó hasta Buenos Aires. Él dice que se tomó un taxi, pero otras versiones indican que algunos africanos que también venían de polizontes o la misma prefectura lo ayudó a viajar hasta la capital. Lo cierto es que apareció en San Telmo. Y que allí se quedó.

Antes de subir al barco, en su país Djamel estuvo en un campo de prisioneros. La historia es bastante clásica en la zona: la guerrilla del Niger Delta People’s Volunteer Force secuestró a toda familia para que su padre, un abogado ligado al gobierno, se pasara a sus filas. El hombre no quería saber nada y uno de los guerrilleros le vació un cargador en la cabeza delante de Djamel y su madre. Él nunca me narró la escena completa, pero alcanza con saber algunos detalles para darse una idea.
Leer más…

Categorías:blog

Andrés Calamaro en la THC: Entrevista completa

El oficio del periodista es escuchar y luego volcar sobre el papel lo que supone que quisieron decirle. De eso vivimos. Cuando nos privan del arte de la conversación, nos sentimos herreros sin yunque. Con Andrés Calamaro, al principio, pasó eso: pidió que le mandemos las preguntas por mail, y entonces los que trabajamos en la THC nos sentimos perdidos. “Hace muchos años ―nos dijo Andrés para justificarse― cuando era un pibe, el poeta Alberto Girri, muy amigo de mi viejo, me aconsejó contestar las entrevistas por escrito. Me salen mucho mejor cuando tengo control sobre mí mismo: puedo masticar mis respuestas, observarlas, mejorar el idioma, la cadencia, ir al hueso”. Para los periodistas, en cambio, las entrevistas por mail suelen ser un embole: respuestas lacónicas o recortadas de otras entrevistas, palabras que nunca llegan o que parecen sacadas de un diccionario y, sobre todo, la no-posibilidad de contestar a una respuesta con otra pregunta. Con Calamaro no pasó nada de eso. El intercambio de mails se convirtió en una especie de ping-pong donde cada cosa que se quería decir se pensaba dos o tres veces, pero solo lo suficiente para estar seguros de que cada cosa estaba dicha en el tono y el lugar justos. El oficio de la conversación quedó intacto. Si no lo creen, véanlo por ustedes mismos.

Leer más…

Categorías:blog