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Archivo para Septiembre 2009

Villa 20: la historia repetida

Septiembre 27, 2009 sebastián hacher 1 Comentario

El 8 de Julio pasado Jhonatan ‘Kiki’ Lezcano se bañó, se puso su mejor ropa y mientras se perfumaba habló con su madre. “Voy a ver a una chica”, le dijo. Salió a la calle, se encontró con Ezequiel Blanco y juntos tomaron un remis desde Villa 20 hasta el Hospital Piñeyro. Fue la última vez que alguien los vio con vida. Un día después, Angélica, la madre de Jhonatan, hizo la denuncia por su desaparición. Y no se quedó quieta. Fue a la comisaria 52, al Juzgado Criminal de Instrucción Nº 30, a Missing Children, envió información por internet, pegó afiches, participó de programas de televisión y hasta imprimió remeras con el rostro de su hijo. Pero no hubo caso: el pibe no aparecía.

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A mansalva: La bombilla asesina

En teoría, Daniel tenía casa y familia. En la práctica, siempre fue de la calle. De chico pidió en los trenes, vendió estampitas y durmió en los andenes de Constitución. Un día se hizo hombre y salió ahí como quién corta un cordón umbilical. Se mudó a Plaza San Martín, recorrió comedores de la iglesia, paradores nocturnos y baños públicos. Aprendió a esconder frazadas, estudió los circuitos de restaurants caritativos y se volvió más agresivo para pedir monedas. Le gustaba repartir volantes para los cabarets de Lavalle o vender fotos de Floricienta a la salida de las obras infantiles en Av. Corrientes: ambas actividades le parecían robos benignos. Pero Dani no era ladrón: si te quedabas dormido te sacaba las medias y después las usaba delante tuyo. Siempre se metía en problemas.
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Los Sacco y Vanzetti de la marihuana

Los lunáticos, los aventureros y los artistas dispuestos a ser consumidos por su obra son el combustible de la historia. Son hombres y mujeres que encuentran su misión en la vida y que están dispuestos a cumplirla. Acá tenemos dos ejemplos: Marc Emery y Eddy Lepp, el primero canadiense, el segundo yanqui, van a ser recordados como los cristianos primitivos de la legalización de la marihuana. Tipos que se atrevieron a poner la cabeza en las fauces del león del prohibicionismo, y que no dudaron en sacrificarse para dar su mensaje y sembrar el ejemplo.
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300 balas: la guerra narco en San Martín

Septiembre 13, 2009 sebastián hacher 10 comentarios

El 3 de Setiembre, luego del enfrentamiento en la Villa 9 de Julio de San Martín, los peritos juntaron cerca de 300 vainas servidas. La batalla fue una de las más violentas de los últimos tiempos, pero no la primera. El acto inaugural de la guerra tuvo lugar tres meses atrás, a los pies de un altar del Gauchito Gil. Allí, con una bala en la columna, cayó muerto Edgardo Kleyer, de 19 años. Soledad Lemos, su madre, había comprado materiales para construir el baño de su casa. Con esos mismos ladrillos, él levantó el altar rojo en la entrada de la villa . Por las tardes solía sentarse ahí a tomar cerveza. A veces se agarra a piñas y las vecinas lo alentaban. Edgardo practicaba boxeo, y dicen que daba gusto verlo pegar.
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A mansalva: el milagro

La madre le dijo “quedese acá hijita, esperemé”. Estaban en un pueblo cerca del paraje donde cuidaban animales, y Petrona le hizo caso. Esperó dos días enteros, hasta que se dio cuenta. Entonces lloró un poco, pidió monedas y viajó hasta Sante Fe escondida en el acoplado de un camión. Allí durmió en las vidrieras de los negocios, limpió pisos en los restaurants y pagó el precio por no tener quién la defienda. Unos años más tarde, al encontrar aquel club de boxeo, pensó que era un milagro: aprender a quebrar la cintura, ponerse en guardia y tirar un golpe tras otro era lo que más quería en el mundo. En pocos meses se convirtio en una máquina de guerra, una niña salvaje dispuesta a sobrevivir con ayuda de sus puños.

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Las águilas humanas

Septiembre 8, 2009 sebastián hacher 3 comentarios

Todo cambió tan rápido. Hasta el 2003, yo no sabía lo que era una palta. No se rian: había visto a un alemán comer una en Buenos Aires en el 2002, pero no sabía que era, ni que gusto tenía. Muchos menos cococía el huacamole. Sin embargo, nunca me apené por ello. La precariedad, pensaba, me permitía mirar como si siempre fuera la primera vez. Ese era mi método de trabajo: mantener la capacidad de asombro, plantarme en el lugar hasta que suceda algo maravilloso y sobrevivir para contarlo. A fines del 2001,  en la puerta del velorio de un muerto por la represión del 20 de Diciembre, conocí a una persona que con el tiempo se convirtió en mi maestro. Su nombre es Cristian Alarcón, quizás uno de los mejores cronistas de nuestro medio. En uno de sus talleres, Cristian me ayudó a hacer conciente esa forma de contar la realidad: la crónica, dijo, es la versión insospechada de lo real. Desde que pronunció esa frase hasta hoy pasaron algunos años. Yo cambié mi mundo sin palta por la cocina oriental casera. Lo que era un taller de sábado por la mañana, cinco años después se convirtió casi en una escuela, una tendencia dentro del periodismo local. Hoy el taller de Cristian inaugura un blog: Las Aguilas Humanas. Lo hace con dos crónicas buenisimas -una sobre el Gordo Valor, otra sobre el hombre del bombo-  que vale la pena sentarse a leer.  Y luego, prometen, vendrán muchas más.

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