Golpes

Ayer  bajamos de la cordillera. Mi caballo estaba un poco arisco, y para llevarlo bien le tenía que dar golpecitos en el lomo, casi como caricias. Rogelio me dijo que era simple: “Si se empaca, vos pegale”. Para domar un caballo, me contó, se lo tiene que montar todos los dias durante un tiempo largo, y “aguantar lo que venga”. También, si el caballo no entiende quién manda, hay que pegarle. Lo menos posible, dijo Rogelio, pero hay que pegarle. Hasta que un día, la moral del caballo se quiebra. El recuerdo del dolor, de ese jinete tozudo e insistidor que lo montó cada día, permite que cualquier payaso de ciudad lo mueva para acá o para allá con pequeñas palmadas.

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