La masacre de Pompeya

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Hijo de campesinos que cambiaron la crianza de vacas por la venta de repuestos para autos, Fernando Carrera (30) gozaba de un pasar tranquilo, casi acomodado. Tenía mujer,  tres hijos y un reparto de artículos de gomería montado con ayuda de su padre. En Ituzaingó, su lugar de residencia, varias veces se había emocionado con las concentraciones inspiradas en el fenómeno Blumberg. Ante cada convocatoria, Fernando se acercaba la plaza a prender una vela por la seguridad, con la esperanza de que ahora sí, unidos por el miedo, podrían mejorar algo. Pero sucedió todo lo contrario, al menos para él. El 25 de Enero de 2005 Fernando dejó de ser un ciudadano que polarizaba los vidrios del auto para prevenir secuestros express, y se convirtió en el único acusado dos robos,  un tiroteo, y un choque que terminó con tres muertos y varios heridos. El combo, que la prensa bautizó como “La masacre de Pompeya”, pasó de la tapa de los diarios al olvido colectivo. Sólo quedó en la memoria de algunos por su arista más sangrienta: la muerte de Gastón, un niño de 6 años que fue despedazado junto a su madre durante el choque.

Más de dos años después, el 17 de Junio de 2007,  Fernando –que el día de los hechos no tenía antecedentes penales y manejaba su propio automóvil- fue condenado a 30 años de prisión. Mientras se leía la sentencia, la sala estalló de bronca. Hasta uno de los jueces ligó un anónimo zapatazo en la cabeza. Pero Fernando se quedó sentado. Si bien siempre sostuvo ser inocente, se lo veía resignado.  “Lo primero que ví cuando me llevan para escuchar el fallo”, reflexiona ahora desde la carcel,  “es que habían corrido un escritorio, todas las sillas y la computadora para otro lado. Eso era para sacarme en el aire después de la lectura. Cuando ví ese movimiento dije: ya estoy condenado. Pero no pensé que iban a darme tantos años. Al momento que me dan los 30 años, empecé a sacar cuentas: me faltan 17 años y 8 meses para pedir la condicional. Empecé a pensar para atrás, que pasó hace 18 años. Así entendí cuánto tiempo es”.

En el mismo penal de Marcos Paz en el que lo encerraron está Julio Simón, alias el “Turco Julián”. Acusado de crímenes de lesa humanidad cometidos en la última dictadura, Simón fue condenado a 25 años  de prisión, lo mismo que varios de sus cómplices. Es los casos de los que atropellan en picadas –como el recordado caso de Sebastián Cabello- las penas son de 3 años en suspenso. Para la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, la magnitud de la pena que recibió Carrera no tiene lógica. En un dictamen de reciente publicación, la defensoría sostiene que se invirtió el principio de “in dubio pro reo”,  y se lo sustituyó “in dubio pro policía”.

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-Vivir adentro

Para los jueces, quedó probado que Carrera fue autor de dos salideras bancarias, que intentó escapar a los tiros de la brigada de la Comisaría 34, y que avanzó de contramano por Av. Saenz hasta atropellar varias personas. Alicia Pierini, titular de la Defensoría, lo consideró  “el último acto de una novela mal escrita”. Y señaló que la justicia “no tenía elemento alguno de entidad suficiente” para acusarlo de robar,  y que tanto en la persecución como en el operativo posterior se cometieron varios errores policiales que fueron “tolerados buenamente” por la justicia. Casi al mismo tiempo que se conocía ese escrito, los abogados de Fernando Carrera, el Dr. Federico Ravina y Rocio Lopez, presentaron un recurso a la Cámara de Casación para que se revise el caso. En la actualidad, el tramite judicial está a la espera que los jueces de esa instancia analicen la sentencia.

Mientras tanto, Fernando se adapta a la vida carcelaria. “Al principio”, dice Guadalupe Carrera, su esposa. “me llamaba desesperado. Decía que lo iban a matar, que no sabía como manejarse ahí”. Ahora ya no. Tras dos años y medio de encierro,  Fernando dejó de parecer un comerciante de pantalón caqui y camisa de marca, y adquirió los rasgos de quienes pasan largas temporadas de encierro. Tiene la piel pálida, la mirada quebrada, sin brillo, y sus palabras que salen desde una soledad profunda. Quienes lo conocen desde antes, dicen que se está convirtiendo en un hombre duro. “La gente que me viene a ver”, dice Fernando, “espera encontrarse con alguien que llora todo el día. Pero yo no puedo llorar más. Una semana después de la condena, abrí el diario y me encontré con una carta de mi hija de 12 años, donde clamaba por mi inocencia. Antes me hubiese conmovido. Pero no lloré. Y en ese momento me dije, esto me está volviendo loco, me está quitando los sentimientos”.
-Relaciones
Uno de los elementos que esgrime la defensa de Fernando Carrera, es la existencia de testigos cuyas declaraciones fueron cambiadas, o que tienen “una amistad intima” con los  policías que protagonizaron los hechos. Rubén Mauregi en su momento fue presentado a los medios de comunicación como el peluquero del barrio, único “que había visto todo con lujo detalles”. Mauregi explicó a cuando micrófono pudo que Fernando Carrera, luego del choque “ni siquiera quedó inconsciente”, y que “sacó un arma por el parabrisas y disparó contra el auto que venía detrás”. El resultado, según anunció la policía, era que el delincuente había realizado tres disparos, y que la brigada de las comisaría 34 repelió la agresión. En el auto de Fernando se contaron 20 orificios de bala, de los cuales 8 atravesaron su cuerpo.

Más tarde, se supo que Mauregi es en realidad el presidente de la Asociación de Amigos de la Comisaría 34. Según la defensa de Carrera,  “uno de los automóviles que participaron del operativo policial era de propiedad suya”. En su declaración durante el juicio, Mauregi aceptó que nunca vio disparar a Carrera. Los mismo pasó con Roberto Villafañe, otro de los testigos que ha, no sólo negó haber visto disparos desde el auto de Fernando Carrera, tal como habría declarado en primera instancia. También remarcó que “no sabía leer bien”, por lo que pudo haber firmado cualquier cosa cuando le mostraron el acta de su declaración.
Por último, un Sargento de apellido Leyes, encargado de conseguir los testigos, declaró que llegó al escenario del crimen 24 horas después de los hechos, el 26 de junio del 2005, y que sólo había encontrado tres testigos presenciales que nunca se presentaron a declarar.  Para los abogados de Carrera se trata de otra falsedad: en un video de los noticieros, se ve a  Leyes a pocos minutos del choque, con un cigarrillo en la boca y rechazando el ofrecimiento de varias personas que querían contar lo que acababan de vivir.

Si bien usar testigos falsos es uno de los mecanismos típicos con los que involucran inocentes en una  causa judicial, esos elementos no alcanzaron para hacer dudar el Tribunal Oral en lo Criminal Nro 14.  Según Carrera, las relaciones de uno de los jueces con la Policia Federal impidieron que en el juicio se avance con esa hipótesis.  “Es que el presidente del tribunal, el Dr. Cataldi”, se lamenta desde la cárcel, “es director de un curso en el Instituto Universitario de la Policía Federal. Él no se va a tirar contra la policía, porque después tiene que darle clase a sus compañeros. Pero el código procesal no es claro ese tema: para recusarlo no alcanza con una relación laboral, tiene que haber parentesco o amistad”.

-Persecución y tiroteo
En la versión oficial, los policías de la brigada de la Comisaría 34 nuscaban a los sospechosos de dos robos, que manejaban un automóvil similar al del Carrera. Lo interceptaron cuando estaba en la calle Centenera, esperando el semáforo para tomar  Av. Saenz, en el barrio porteño de Pompeya. Le dieron la voz de alto y encendieron las sirenas, pero el sospechoso arrancó por Av. Saenz de contramano y comenzó a dispararles. Según declaró Fernando Carrera, mientras esperaba para cruzar vio que un civil de pelo largo y barba le apuntaba con un arma desde un automóvil vecino. Pensando que le estaban por robar, Fernando intentó escarpar doblando de contramano y ni bien lo hizo recibió un disparo en la mandíbula. A partir de allí, asegura haber perdido el conocimiento, por lo que su automóvil avanzó sin control hasta atropellar a varias personas. Dice que se despertó en el ambulancia, ya con 9 tiros el cuerpo. Los policías, por el contrario, aseguran que luego de atropellar a varias personas y chocar, Fernando siguió disparando.

¿Qué pasó en realidad en esos pocos segundos claves?. Esa es la pregunta central en el debate. Para el tribunal, no hay forma de que Carrera haya quedado inconciente por  la bala que le pegó en la mandíbula y que se quebró en dos al golpear contra el maxilar inferior. De haber estado inconciente, sostienen los jueces, Carrera no hubiese podido avanzar 500 metros hasta encontrarse con los transeúntes. El Dr. Mariano Castex, que actuó como perito de parte, comparó la situación de Carrera con los boxeadores que caminan mientras están nockout. Explicó que es una situación llamada de “mini traumatismo”, que no produce secuelas neurológicas, pero sí deja inconciente a la persona. El hecho de que no haya frenadas antes de atropellar a las personas refuerza cada posición: para los jueces, es una muestra de su ‘desprecio por la vida’. Para los defensores, es prueba de que no tenía control sobre sus actos.
Mientras la justicia analiza esos elementos, Fernando Carrera espera y cuenta los días desde el penal de Marcos Paz. Allí, rodeado de un descampado imponente, aprendió a ser escéptico, pero dice tener esperanzas en que el tribunal de Casación no confirme el fallo. Esa esperanza, dice, lo mantiene en pie. “Eso y mi familia. Yo siempre digo que si no hubiese sido por mi esposa y mis hijos, yo ya estaría condenado a reclusión perpetua desde el primer día”.

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2 comentarios en “La masacre de Pompeya

  1. Es realmente terrible este hecho, un caso de encubrimiento por parte de jueces y personal de comisaría 34.
    Todos quienes se suponen nos defienden.
    ¿Qué nos espera a los civiles con esta clase de malandras sueltos? Estos asesinos, inútiles y mentirosos; y peor aún los jueces, quienes hacen caso omiso a las muchísimas pruebas contra el personal de la 34º
    Me deja atónito que este accionar quede impune.

  2. espero que los polcias y ruben mauregi que no deben ser mas que ratas de cuarta, que solos no deben pegarle ni un gorrion, necesitan de la pistola para creer que se la bancan. por favor que conozcan la carcel común, y despúes que nos cuenten. no olvidarse de la jueza que hablo en el programa de nelson castro cuando fue presentada la causa. ahora que estos aparescan para dar respuesta. los quiero a todos en carcel comun..

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