Anaïs Nin

En las vacaciones leí dos libros: La Doctrina del Shock de Naomi Klein y 2666 de Roberto Bolaño. Los dos valen la pena, a pesar de ser muy pesados en el sentido físico del término (pesan un kilio cada uno, y los tuve que llevar un mes en la mochila).

Ahora leo a Anaïs Nin: Incesto, uno de sus diarios íntimos. Ella dice cosas así:

“El autor es como un duelista que jamás se presenta a la hora señalada, que recoge el insulto como un dato curioso, lo despliega sobre su escritorio y se bate a solas. Algunos lo llaman debilidad. Yo lo llamo postergación. Lo que en el hombre es debilidad, constituye la gloria del artista, su calidad. Lo que derramo en lo dicho o lo hecho, rara vez lo restituyo en la página escrita. Lo que conservo y reúno es lo que estalla luego en la soledad propicia. Por eso el artista es el hombre más solitario del mundo: porque vive, lucha, guerrea, muere, renace a solas, siempre a solas”.

Claro, también cuenta que era amante de su propio padre, pero a esa parte todavía no llegué.

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