El oficio del cinismo

Escribo desde una YPF de Villa Madero. Para los que no conocen, esto queda cruzando la General Paz, unas 20 cuadras por Crovara (continuación en provincia de Eva Perón) y después unas cuantas más para el lado de Ezeiza, todo en el 103.

Estoy acá porque venía a entrevistar a un tipo que me dejó plantado por segunda vez. Lo llamé hoy al mediodia, le dije voy para allá, me dijo te espero, le dije estoy saliendo y cuando llegué -dos horas en total desde mi casa- no estaba. Y aquí me ven, derrotado en una estación de servicio del conurbano, haciendo tiempo para ver si aparece.

Él hombre tiene razones para no hablar. Hace poco mataron a su ser más querido, y siente que nadie lo ayudó entonces ni lo hará nunca. Yo le ofrecí poco: escuchar en serio su historia, intentar que se entienda qué pasó y, si se puede, aportar a la justicia. No se si es suficiente, pero es lo que tengo.

Hace tiempo, cuando el periodismo no era todavía una profesión rentable para mí (vivía del aire y bastante mal), tenía el privilegio de poder obsesionarme con una historia y seguirla hasta el final. Un mes o dos para una investigación de campo, sin datos de grandes fuentes, pero mimetizándome con el entorno, con las historias y los personajes que queria contar. No existía la relación costo-beneficio en mis producciones. Así me fue: nunca salía vivo de allí.

Ahora me vuelve a pasar lo mismo. Me inventé -nos inventamos- la forma de sobrevivir del oficio, y las historias comienzan, otra vez, a ocupar el centro de nuestra preocupación. Por lo general se trata de grandes temas olvidados: personajes y situaciones que no ocupan ni ocuparan las portadas de los diarios. Pero también son cosas que se te pegan en la piel y de las que no podes zafar; tenés que seguirlas hasta el final, hasta contar el cuento o quedar sin fuerzas. Ahora me está pasando esto.

Del otro lado, en el gremio se puso de moda -junto a un petit revival de los 90- el cinismo como forma de ejercer el periodismo. Un cinismo muchas veces disfrazado de ironía canchera o superación de las propias ideas, pero que, a la larga, es solo una forma más o menos culta de ser Gaby Alvarez. De allí tampoco se sale vivo, aunque quizás nunca te des cuenta de ello.

Yo creo que todavía son épocas para ser un poco idealistas, para sumergirse en las historias y dejar que nos deboren. Aún a riesgo de fracasar, de no tener para pagar el alquiler o de quedar en rídiculo frente a los cancheritos de siempre.

Y dicho esto -no se muy bien por qué, pero tenía ganas de decirlo- me voy a ver si llegó el entrevistado. Cuando vuelva a casa, tarde en la noche, voy a cambiar la cabecera del blog y voy a poner esa frase tan vapuleada: “los cínicos no sirven para este oficio”.

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7 comentarios en “El oficio del cinismo

  1. Es la primera vez que entro al blog. Tremendo texto. Trabajo de periodista. Mucho tiempo malviví, ahora no la junto, pero mal no me va.
    Laburo de periodista porque no sé hacer otra cosa, porque me gustan algunas de las cosas de la profesión, pero no me siento periodista (no creo que haya muchos), me falta pasión y eso me persigue. Ojalá haya más que se dejen devorar por las historias. Ojalá.

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