Poker online

(Crónica aparecida en la revista La Mano de Diciembre 2007, basada en algunas entrevistas en video y posts que están colgadas por aquí y otras que hice después)

Sus ojos queman, Max parece saberlo, y cada tanto baja la mirada hasta su laptop invadida por un desfile de gráficos con estética de juego de solitario. Allí, asegura, hay dos yanquis jugando manos de poker virtual por miles de dólares. Están hace horas, van más o menos parejos, y él no puede dejar de estudiar cómo lo hacen. Tanto que a veces le cuesta mantener la conversación. “Es problema del poker”, explica. “Me abstraigo demasiado, y no me interesan otras cosas que no tengan que ver con el juego. Me pasa todo el tiempo. Por ejemplo, si hablamos más de diez minutos me aburro. Ahora está bien porque hablo yo”.

Nos encontramos en Pueyrredón y Santa Fe, aunque Max vive en un conventillo de La Boca. Sus amigos están en la mesa de al lado. No quieren participar de la charla, pero cada tanto aportan algún comentario. Uno de ellos, Juan, de look bien palermitiano, en un rato va a confesar que juega al poker virtual para vivir sin trabajar. “Como no soy artista, tenía que buscar algo legal y fácil de hacer”, dirá con tono algo cínico. Pero eso será después. Por el momento, cuchichea con su acompañante, un Maestro Internacional de Ajedrez –título que pocos ostentan en el país- que también estudia cambiarse a los naipes.

Según ellos, los buenos jugadores de cualquier cosa se pasan al poker por internet. El motivo es simple: van tras el dinero. Max también hizo ese tránsito. Hace un tiempo competía en el Club Argentino, aunque a veces prefería el ajedrez callejero de Parque Lezama, donde la teoría es menos importante que la agresividad para mover las piezas. Con veintidós años, todos lo veían como un potencial profesional del tablero, pero el mismo ambiente le abrió las puertas del casino en red: “Siempre llegaban diciendo que uno ganaba mil, dos mil dólares. Yo trabajaba en un estudio y cobraba mil quinientos pesos por mes. Una vuelta, Juan me dijo: ‘Venite a estudiar poker conmigo, que vas a ganar dinero’. Así me dijo. Al otro día renuncié a mi trabajo y empecé”.

Eso fue hace dos años, en plena explosión del poker online. Fox y ESPN habían comenzado a televisar torneos en vivo, mostrando a todo el mundo las cartas que se jugaban sobre la mesa. El fenómeno impulsó la explosión del poker virtual: de la única sala que había en 1998 internet pasó a tener alrededor de medio millar. Los jugadores en red se triplicaron hasta alcanzar los cincuenta millones en todo el mundo. De ellos, claro, sólo el cinco por ciento logra tener ganancias considerables. Según como se lo mire, Max es uno de esos privilegiados. Vive del y para el poker: “Empecé con siete dólares que tenia Juan en un banco virtual. Hoy los convertí en un par de miles, que están en constante movimiento. Si sumo todo lo que apuesto por día, a veces son más de cinco mil dólares en un solo día. Hoy, por ejemplo, jugué dos horas, y estuve en manos por tres mil”.

Aunque para el común de la gente sea lo mismo el poker que la ruleta, el juego de cartas tiene otra lógica. En el poker hay un balance entre la suerte y la habilidad. La diferencia con el ajedrez es que hay algo oculto, que no está del todo sobre la mesa, por lo que a la estrategia se le agrega un poco de adrenalina. “Yo tengo algunos cálculos que son míos” dice Max. “También aprendí que uno no se hace ganador en una partida o un campeonato, sino por permanencia y estudio. Con suerte sola no se hace nada. El jugador estudia, se prepara. Tenés que jugar miles de manos para convertirte en un ganador. Y cuando se empezó a ganar, es imposible retirarte”.

Hablar con Max es sentirse varios escalones abajo. Siempre esta cinco minutos delante de la conversación. En cualquier juego, sabría qué voy hacer en las próximas movidas y apenas disimularía su superioridad, como se hace frente a los niños. Pero si uno lo encuentra en la calle, no imaginaría se trata de un jugador. Max tiene veinticuatro años, no fuma ni toma alcohol. Es alto y casi esquelético, se viste como un malabarista y da la sensación que eligió poker como podría haber sido hacker o matemático. Con la diferencia de que con su oficio a veces puede levantar temperatura. ”Se trata de ser más racional que emocional. Igual es difícil no ser convulsivo. A veces tenés el noventa y cinco por ciento de posibilidades de ganar y perdés. Ahí te empezás a poner violento. Pero no es por perder plata; el dinero no significa mucho. Es apenas un medio para seguir jugando”.

 

 

POKER CRIOLLO

Si Max parece un ciberpunk, Matías Salvador está en el otro extremo. Por mail intenta ser frío; sus respuestas lacónicas suenan a hombre que toma whisky importado y fuma habanos caros. Da la sensación intenta emular a esos jugadores que gastan paños verdes en los casinos y en los garitos clandestinos diseminados en Capital. Pero en persona, cuando nos conocemos, es todo lo contrario. Trabaja de diseñador grafico, es fanático del club Almagro y de las motos Kawasaki, y cuando se va de vacaciones posa para la foto con los lobos marinos. En su adolescencia era jugador de ajedrez y de backgammon, aunque en esos rubros no llegó a los circuitos profesionales. Descubrió el poker por internet mientras se recuperaba de un accidente en moto. Se anotó en un torneo gratuito que duró seis horas y le dejó una ganancia que no esperaba: novecientos cincuenta dólares depositados en un banco virtual.

Para entrar a ese torneo, Matías había utilizado lo que se llama “dinero gratis”. Se trata de un tipo de promoción que hacen muchos casinos virtuales: regalar un poco de dinero para atraer nuevos jugadores, que en su mayoría –se calcula que un noventa y cinco por ciento- van a perderlo e incluso a depositar más para seguir. En el mundo del poker, esa enorme masa acrítica genera los recursos para que los casinos virtuales ofrezcan promociones que suenan a falsas: dinero para empezar tu carrera en el poker, duplicar los depósitos que uno hace en las salas de poker, etc. Todo, claro, se hace con una ínfima parte del dinero que ponen millones de personas que prueban suerte en los naipes cibernéticos.

El desafío de muchos jugadores es hacer lo que logró Matías: ganar dinero en el poker sin invertir ningún centavo. Algo así como vivir de esos popups horribles de publicidad que aparecen cuando abrimos cualquier página de internet. Con sus primeros dólares, Matías descubrió que podía hacerlo, y se emocionó tanto que aprendió cómo sacarlos de la red mediante un banco virtual. Mientras veía salir billetes del cajero automático, tuvo una revelación. Quería ser un profesional del poker. “Ser profesional es lo contrario a ser adicto”, asegura seis meses después de haber empezado, ya con bigotes finos, barba candado y peinado a la gomina.

Matías trabajó con el ritmo de una puntocom y el olfato criollo para encontrar ganancias. Apenas cobró su premio abrió una página sobre poker (www.pokerleague.com.ar) y escribió un libro contando su experiencia de un semestre. Lo tituló Todo sobre el poker online, y asegura que allí está lo que necesitamos aprender del juego. “En el Poker Texas hold’em hay 169 combinaciones posibles”, explica. “Vos tenés que analizar si te conviene entrar según las cartas que te toquen y también según en la posición en la que estás en la mesa. Lo bueno del poker virtual es que podés jugar en varias mesas simultáneas, pero como tenés que hacer esos cálculos, no te conviene jugar más de tres mesas a la vez”.

Para Matías, no se trata sólo de sentarse frente a la máquina. En los últimos meses también ganó un torneo virtual cuyo premio era la entrada para uno real, en un casino del interior del país. Matías volvió de ese torneo sin ganar un centavo, pero con una idea fija. “Quiero ser el campeón del mundo”, dice ahora. Su ejemplo a seguir es Chris Moneymaker, un contador que se formó en las mesas de juego online y trepó hasta el campeonato mundial de poker en vivo, donde ganó dos millones y medio de dólares. Moneymaker es una especie de paradigma: la demostración de que el juego virtual avanza sobre el juego en vivo. En el pasado se hablaba de cierta ventaja de los viejos poketeros, que parecían jugadores de truco refinados. Capaces de mentir sin mover una pestaña, preparados para jugar durante horas sin ir al baño, o de estudiar a sus rivales cara a cara, estaban rodeados de cierta aura bohemia y hasta épica. Pero en los últimos años, los muchachos armados de laptops y software de análisis estadístico parecen estar copándolo todo.

 

 

 

 

TIERRA DE DANDYS

Parte de esos viejos jugadores, quizás los más adinerados, se reúnen todas las tardes en el casino flotante de Puerto Madero. La mayoría son profesionales y empresarios de cincuenta años promedio, sin problemas económicos: gente que gana y pierde dinero como caballeros. En los pasillos de juego se comenta que se conocen tanto entre ellos, que cuando alguien no habitué se acerca a jugar sale sin un centavo.

La zona está llena de jugadores jóvenes, que se iniciaron en el poker online. Pero ni sueñan con ir a probar suerte al bote: miran las luces del casino desde el balcón del departamento con pileta que alquiló un norteamericano de veinte años a pocos metros de ahí. Son parte de una nueva tendencia entre algunos jugadores online: viajar a cualquier lugar del mundo donde el cambio sea favorable para vivir como reyes. En el departamento del jugador gringo, no son pocos los jugadores turistas que se reúnen para recorrer los restaurants más caros y reírse de lo baratos que están los vinos finos en Buenos Aires.

Entre ellos a veces está Andrew, un inglés con un aire a Jack Bauer. Andrew tiene treinta y un años, y desde hace cinco es lo que él mismo bautizó un “perpetual traveller”, un turista permanente sin planes de tener residencia fija. Un sueño del pibe cumplido, que empezó en el centro de investigación sobre el cáncer donde trabajaba. Allí, alguien le recomendó una película sobre jugadores de Poker, y ese fue el veneno que torció su destino. “Vi la película y dije: yo quiero ser así. Jugué por hobby durante un año y empecé a ganar. Quería tomarme un tiempo para viajar, y se me ocurrió comprarme una laptop y jugar. Pero al año tenia mas plata que cuando empecé”.

Ahora lleva cuatro años de viaje y juego. Leyó unos nueve libros sobre poker y estuvo en Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda, Estados unidos, Canadá, Europa y ahora Argentina. Gran parte de sus aventuras están plasmadas en el blog www.perpetual-traveller.blogspot.com, donde también cuenta que tiene ahorrados cincuenta mil dólares y que gana un ‘sueldo’ de unos cuatro mil mensuales para vivir. El secreto, dice, es aprovechar la debilidad de los otros jugadores. “Siempre hay que tratar de que el que está enfrente tuyo sea peor que vos. Nosotros les decimos los payasos, los que no saben nada. No es difícil, porque está lleno de gente que juega por diversión, que no tiene mucha idea. Para mí, el poker es un trabajo. Si la mayoría no sabe jugar, no es culpa mía”.

Pero no son todas rosas. Hace más de un año, mientras Andrew habitaba un departamento en el barrio de Belgrano, se cruzó con una chica paraguaya – a la que bautizó La Bruja- que hacía la limpieza del lugar. Ella lo llevo a conocer las villas de Quilmes, donde aprendió que el manjar de los sábados es el asado con ensalada y vino. Tanto le gustó que se quedó a vivir allí, en un rancho de chapas, durante cuatro meses: “Es que las paraguayas saben cómo retener a un hombre”.

Al conocerla, el inglés dejó de jugar desde el sommier de su departamento y se conformó con usar un locutorio quilmeño, al lado de pibes que se matan al counter strike o histeriquean por msn. A veces se le complicó hacerlo. “Una vuelta perdí trescientos dólares, y no quería salir hasta ganar. Estuve trabajando hasta las diez de la noche en el cyber y no comí nada. Mi novia se enojó un montón”.

Ahora, luego de pasar una temporada en Inglaterra, alquiló uno de esos departamentos equipados para extranjeros en el barrio de Congreso. En las próximas semanas, su novia paraguaya y el hijo de ella se van a instalar con él. Andrew está enamorado con toda la ternura de la que es capaz un anglosajón. En el bar donde conversamos, los ojos le brillan y la voz le tiembla un poco cuando habla de ella. Aunque siempre hay cosas que enturbian su felicidad: todavía, por ejemplo, tiene ganas de viajar, y su novia no quiere saber nada. “Quiero conocer Tailandia. Me dijeron que era lindo. Me quería ir tres meses, pero ella dice que ni loco, así que capaz voy por menos tiempo”.

No hay nada más incómodo que un inglés con un nudo en la garganta. Pero es irremediable: con o sin internet, algunas cosas no son tan distintas como parecen. El tipo dedicado a los caballos o a las cartas, entregado de cuerpo entero a la timba, se desarma cuando le tocan el corazón. Son melancólicos del cybercafé, que quizás ya merezcan figurar en los tangos de la postmodernidad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s