Esta nota habla de porro

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A veces me pierdo cosas. Nunca, por ejemplo, le había prestado atención a Kapanga, una banda que viene peleando desde hace una década, y que parece no llevarse muy bien con la opinión pública porteña. La primera vez que escuche de ellos fue mientras trabajaba en un programa de televisión, al que invitamos a su cantante, Martín el Mono Fabio. Tanto él como la banda me cayeron bien. Cuando volvíamos de grabar, le conté que escribía en la revista THC (algún día contaré las reacciones de la gente cuando digo eso, pero ahora no ese el tema). El Mono me desafió: me dijo que Kapanga la banda más cannábica del país. Lo conté en la revista, pero no convencí a nadie, por lo menos no hasta varios meses después, cuando me enviaron a entrevistarlos. El resultado fue una nota que salió del registro de las que suelo hacer pero que, en cambio, dio bastante que hablar: la levantó com mal ejemplo Don Chiche Gelblung, una fanático anti-marihuana, y durante unos dias hubo un ping-pong radial sobre el tema. Pasada la polémica, aquí, a un golpe de click, el artículo que apareció en la revista.

El Mono selló su destino en el fondo de una pileta vacía en la localidad de Ranela. Aunque entonces él no lo sabía, y su ignorancia le permitió vivir todo con la emoción de quién cruza por primera vez la frontera de lo prohibido. Un rito iniciático, recuerda más de 20 años después, casi secreto, porque en esa época era imposible ver a alguien fumando porro en una fiesta, por lo menos no allí, en la quinta de su amigo el Tabanito. Él, claro, ya conocía el aroma. Lo había sentido por primera vez en un recital de Sumo en el Club Universitario. Tenía 15 años y dijo, epa, que está fumando ese tipo. Pasó un año para encontrar la respuesta, aquella noche en la que todos sus amigos fueron pasando, de a dos y en secreto, hasta el fondo de ese pozo celeste, único lugar donde no se sentían observados.

Es sencillo imaginar lo que vino después: El Mono con ojos chinos y los pómulos hinchados de tanto sostener esa sonrisa atorranta, socarrona pero rescatada, porque a pesar de sus 16 años seguro ya pintaba para ser lo que parece ahora: un pibe grande, uno de esos que hacen la suya sin molestar a nadie, de que puede fumar desde que se levanta hasta que se acuesta sin perder nunca la compostura. Y eso es lo que hace el Mono ahora, a sus 38. “Desayuno”, asegura, “almuerzo, meriendo y ceno con porro. Pero cuando me preguntan digo: yo no consumo drogas, yo fumo marihuana. Y cada vez más gente lo entiende, porque somos un montón de este tipo de gente. Yo no conozco a ninguno que haya fumado porro para salir a robar o agarrarse a piñas.”

Claro que no siempre fue así. Entre aquel porro inaugural y ser un marihuano tiempo completo estuvieron –ruido de trompetas- los 80. No era década parar ser fumón a secas, y nadie del palo salía ileso de allí. “Probé de todo. Recién me volví fumador después del 93, cuando dejé de tomar merca y alcohol. Una droga como la cocaína, que no te deja coger, que no te deja comer, que no te dejar dormir, es una mierda. La marihuana es todo lo contrario a eso”. Entre los 80 y el vivir de la música también hizo lo que cualquier pibe de clase media del centro de Quilmes: repartió pizzas en un fiat 147 que gastaba un litro de aceite por día, puso un bar a medias con su hermano, manteniendo una tradición gastronómica de su familia. Un oficio que todavía defiende, aunque su forma de cocinar cambió, y asegure que ahora –atenti, porque esta es la definición más precisa que hace el Mono de sí mismo- su especialidad sea el asado con hojas de marihuana. “La pongo arriba de la carne, como si fuera romero. Es como cuando pedís un plato y te lo traen con una zanahoria cortadita, un poco de rúcula. Es más como decoración, no tanto por el efecto. Pero también sé hacer ñoquis, torta, pizza canábica. El día que la legalicen vamos a poner el primer restaurant de cocina canábica en la Argentina. Y nos vamos a cagar de la risa”.

Kapangueros

Reírse parece ser uno de los secretos y objetivos primarios de la banda que lidera el Mono, cuya formación original lleva seis discos y 12 años arriba de los escenarios. “Hace una década que estamos de gira, tocando 100 veces al año, y nunca tuvimos un problema entre nosotros. Siempre tuvimos una armonía que ningún otro pudo lograr. Yo pienso que eso tiene mucho que ver con la marihuana. De nosotros ninguno toma pastillas para dormir ni va al psicólogo. Somos todos gente con la que te podés sentar a fumar un porro, charlar de cualquier pavada o de cosas serias y pasarla bien”.

Los Kapanga se reunen –aunque casi nunca ensayan- en Bernal, en el fondo de la casa de la madre de Balde, uno de los fundadores de la banda. Allí cultivan una psicodelía made in zona sur, ese lugar donde los enanos de jardín conviven en armonía con un cover de Sandro, amores en las góndolas de un mercadito chino, o historias de un Elvis que sigue vivo pero no en Memphis sino en Carlos Paz, donde toca música cuartetera y se somete a una cirugía que lo deja igual a la Mona Giménez. Kapanga también es eso: mezcla de colores y ritmos, un surrealismo del conurbano bonaerense hecho a fuerza de superponer elementos que no tienen miedo sino tal vez cierta afición a lo bizarro. “Pero a nosotros”, aclara el Mono, “esa estética no nos llama la atención, es normal. Nos damos cuenta cuando hacemos los videos. Por ejemplo el último, en el que nos metemos con todas las leyendas del rock, es una deformidad”. El clip, que se puede ver en su sitio (www.kapanga.com, ya desde el diseño todo un homenaje a la planta) muestra a los integrantes de la banda con las cabezas reducidas o agigantadas, e incluso a veces sin ellas, desobedeciendo las ordenes de un coach que intenta enseñarles costumbres tan rockeras como saltar a una pileta, romper guitarras o pisar pollitos. En ese eclecticismo conciente, que se refleja en la música y las gráficas, quizás se esconda el secreto para que el público de la banda siga siendo inclasificable, tanto como para que en un recital el Mono pueda contar “remeras de los Piojos, de La Renga, de Ataque, de Babasónicos, tipos de zapatos y camisas de marca, familias, parejas”, todos dispuestos a moverse al ritmo del cuartetazo o a saltar en el pogo.

“Nosotros”, dice el Mono, “tenemos una licencia extra. Lo que a otra banda no le perdonarían, a nosotros nos lo festejan. Por ejemplo, ir a lo de Mirta Legrand. Los otros músicos, que no írian ni en pedo, me felicitaban”. Parte de ese permiso para bardear son las rivalidades que cada tanto inventan con otras bandas, muchas veces afines. “Con Arbol, por ejemplo. Una vez estábamos boludeando en un hotel en San Luis, no teníamos nada que hacer, y dijimos ¿que hacemos?, “pelearnos entre nosotros”. Nos empezamos a matar arriba del escenario. Ellos tocaban y nos daban con un caño. Nosotros también, y después nos cagamos de la risa. Arbol es con la banda con la que mas nos vemos, nos conocemos del principio”.

Ver la meca y después reir

Holanda es la tierra prometida. Eso lo supo desde siempre, pero lo comprobó recién cuando pisaron territorio libre. “Tocamos en Ámsterdam, en un lugar que tenía la chapa de que había tocado Nirvana. Fue tremendo. Llegar después de soñar tanto con llegar ahí, cumplir ese sueño entre nosotros que tenemos todos la misma sintonía, amigos no tiene precio”. El recuerdo de ese viaje está plagado de imágenes de una road movie rockera: moverse en una Van, dormir en el piso, visitar los coffeeshops y descubrir el otro lado de la meca canábica. “Al segundo día tocamos en otra localidad de Holanda y ahí nos dimos cuenta de lo que era el barrio y lo que era la parte para turistas”. Sucedió en Den Bosh, donde les ofrecieron ir al coffeshop del pueblo. Allí encontraron un mundo nuevo, de gente común y corriente en busca de un momento de relax. “Algunos estacionaban el coche y se llevaban una cajita con uno armado. Eran todos muy amables, muy simpáticos. La gente que estaba en el coffeshoop era como la gente que va al bar de acá a la vuelta. Gente grande, gente laburante. Nosotros eramos los más raros de todo el lugar”.

Cuando el Mono recuerda esas escenas donde la marihuana es parte de la vida cotidiana, tiene claro que terreno pisa. No se queja de los consumidores, sino de la hipocresía de los que todavía creen que hay que perseguir al que fuma un porro. “Que lejos”, se lamenta, “que estamos de todo esto. Que lástima que los que podemos convivir así seamos tan pocos. Acá sería un delirio: imaginate el primer coffee shop en la Argentina, va a haber 40 km de cola en la inauguración, pero van a ir los de canal 9 a hacerle la nota a los más locos, al que esté mas reventado por cualquier otro efecto que no sea el porro, a que diga boludeces. Obvio que no nos van a dar voz a los que somos más grandes, a los que fumamos tranquilos, trabajamos y no molestamos a nadie”. El Mono habla con chispas en los ojos y reaparece el pibe grande, el que no quiere posar de nada sino pasarla bien y vivir relajado haciendo lo que le gusta. Después, cuando la entrevista termina, baja la escalera de la terraza con cadencia cuartetera, pero a mitad de camino se da vuelta, saluda y posa para la foto diciendo ‘así parezco re-cumpleaños de quince’. Entonces uno entiende que tiene en frente al tipo que en sus recitales –previo, a veces, anunciarlo en una pantalla roja tipo crónica tv- hace llover alfajores, pizza o sanguches de salame y queso sobre un público que, a mitad o al final de un recital, recibe esa muestra de psicodelía conurbana como un maná que convierte el bajón en fiesta.

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11 comentarios en “Esta nota habla de porro

  1. mono sos un grande, si se pudiese legalizar aca,….ni que estuviesemos hablando de drogas….

    pd: MAMBRU LA RE COONCHA DE TUU MADREEEE!!!!!!!

  2. mono sos un groxxYO SOY FUMADOR Y TAMBIEN ME GUSTA TRABAJAR Y FUMAR PARA RELAJAR ..Y ASI TMB ME HE COMIDO GARRON DE IR PRESO POR TENER MARIHUANA

  3. holaa monito sos la locuraaa de mi corazon te amo con toda mi alma sos un kpo tengo tus fotos estub con vos en vidal en sta clara t abrac y t di 1 millon de besos jajaa t sigo desde q tengo 5 años de edad t vi en un video del canal de la musica con el tema “me mata” y de ahi m matast sos un bombon y t kiero con el alma desde esa edad soy una kapanguera hasta morirr ahora tengo 20 años jajjaja pero no m importa t doy igual jajja t amo muchooo besooottttesssss belu

  4. HOLA MONO SOS UN GROSO MAS DE ARGENTINA, AL IGUAL Q TUS MUSICOS… SOLO QUERIA SALUDARLOS Y FELICITARLOS… SOY DE SANTA ELENA ENTRE RIOS FUI A VERLOS CUANDO VINIERON A TOCAR ACA… LA ROMPIERON COMO SIEMPRE EN TODOS LADOS… LES MANDO UN ABRASO DE CORAZÓN Y ME GUSTARIA VOLVER A VERLOS DONDE SEA……………

  5. wenisima la nota…te amo mono ss un grande un idolo…esto es asi al qe le gusta el porro qe lo fume al qe no qe no lo fume y fue…loco la cannabis no es una droga loco es una planta qe te hace volar un rato de este mundo raro lleno de hipocritas en qe vivims…mono te amo

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