Las Ciudades Invisibles de Italo Calvino – Recortes

Tengo que leer el libro “Las Ciudades Invisibles” de Italo Calvino para una crónica que escribo desde hace rato. Como está agotado en todas partes, decidí leerlo en la computadora. Me lo bajé en pdf de acá. Como lo leo en la pantalla, aprovecho para cortar y pegar en word las partes que me sirven.

Aquí van los fragmentos de las primeras 30 34 páginas. Mas luego, a medida que avance, voy a pegar en el mismo post el resto de las citas.

Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.
(las ciudades y la memoria)

Mientras la descripción de Anastasia no hace sino despertar los deseos uno por uno, para obligarte a ahogarlos, a quien se encuentra una mañana en medio de Anastasia los deseos se le despiertan todos juntos y lo circundan. La ciudad se te aparece como un todo en el que ningún deseo se pierde y del que tú formas parte, y como ella goza de todo lo que tú no gozas, no te queda sino habitar ese deseo y contentarte. Tal poder, que a veces dicen maligno, a veces benigno, tiene Anastasia, ciudad engañadora: si durante ocho horas al día trabajas como tallador de ágatas ónices crisopacios, tu afán que da forma al deseo toma del deseo su forma, y crees que gozas por toda Anastasia cuando sólo eres su esclavo.
(Las ciudades y el deseo)

La mirada recorre las calles como páginas escritas: la ciudad dice todo lo que debes pensar, te hace repetir su discurso, y mientras crees que visitas Tamara, no haces sino registrar los nombres con los
cuales se define a si misma y a todas sus partes. Cómo es verdaderamente la ciudad bajo esta apretada envoltura de signos, que contiene o esconde, el hombre sale de Tamara sin haberlo sabido.
(las ciudades y los signos)

Los futuros no realizados son sólo ramas del pasado: ramas secas.

—¿Viajas para revivir tu pasado? —era en ese momento la pregunta del Kan, que podía también formularse así: ¿Viajas para encontrar tu futuro?
Y la respuesta de Marco:
—El allá es un espejo en negativo. El viajero reconoce lo poco que es suyo al descubrir lo mucho que no ha tenido y no tendrá.

A veces ciudades diferentes se suceden sobre el mismo suelo y bajo el mismo nombre, nacen y mueren sin haberse conocido, incomunicables entre sí. En ocasiones hasta los nombres de los habitantes permanecen iguales, y el acento de las voces, e incluso las facciones; pero los dioses
que habitan bajo esos nombres y en esos lugares se han ido sin decir nada y en su sitio han anidado dioses extranjeros.
(las ciudades y la memoria)

Así —dice alguien— se confirma la hipótesis de que cada hombre lleva en la mente una ciudad hecha sólo de diferencias, una ciudad sin figuras y sin forma, y las ciudades particulares la rellenan.
(las ciudades y los signos)

Kublai Kan había advertido que las ciudades de Marco Polo se parecían, como si el paso de una a la otra no implicara un viaje sino un cambio de elementos.

Ocurre con las ciudades como con los sueños: todo lo imaginable puede ser soñado pero hasta el sueño más inesperado es un acertijo que esconde un deseo, o bien su inversa, un miedo. Las ciudades, como los sueños, están construidas de deseos y de miedos, aunque el hilo de su discurso sea secreto, sus reglas absurdas, sus perspectivas engañosas, y toda cosa esconda otra.

(hasta la página 29)

Nadie sabe mejor que tú, sabio Kublai, que no se debe confundir nunca la ciudad con el discurso que la describe.
(las ciudades y los signos)

Así la ciudad repite su vida siempre igual, desplazándose para arriba y para abajo en su tablero de ajedrez vacío. Los habitantes vuelven a recitar las mismas escenas con actores cambiados; repiten las mismas réplicas con acentos diversamente combinados; abren bocas alternadas en bostezos iguales. Sola entre todas las ciudades del imperio, Eutropia permanece idéntica a sí misma. Mercurio, dios de los volubles, patrón de la ciudad, cumplió este ambiguo milagro.

(Las ciudades y los intercambios)

Suspendida en el abismo, la vida de los habitantes de Ottavia es menos incierta que en otras ciudades. Sabes que la red no sostiene más que eso.

(Las ciudades sutiles)

Anuncios

6 comentarios en “Las Ciudades Invisibles de Italo Calvino – Recortes

  1. Hermosísimo libro.
    Tengo la versión traducida por Aurora Bernárdez, quien supo ser en su momento esposa de Julio Cortázar.
    Una especie de “nerd literario” lo mío, pero bue. Me encanta ese libro. Gracias por subir algo.

  2. de nada!
    en tren de no ser obsecuente, tiene muchas cosas que me gustan y me sirven por demás, pero no es del tipo de gente que uno dice “me gustaría escribir como él”.

  3. Ese libro de Calvino es maravilloso.
    Te regalo una parte a la que llegarás y que es mi preferida:

    -Queda una ciudad de la que no hablas jamás,-dijo Kublai Kan.
    Marco Polo inclinó la cabeza.
    -Venecia-dijo el Kan.
    Marco sonrió. -Y de qué otra cosa crees que te hablaba?
    El emperador no pestañeó.
    -Sin embargo, no te he oído nunca pronunciar su nombre-.
    Polo: -Cada vez que describo una ciudad digo algo de Venecia.
    -Cuando te pregunto por otras ciudades, quiero oírte hablar de ellas. Y de Venecia cuando te pregunto por Venecia-, dijo el Kan.
    – Para distinguir unas cualidades de las otras, debo partir de una ciudad que permanece implícita. Para mí es Venecia.
    -Deberías entonces empezar cada relato de tus viajes por la partida, describiendo a Venecia como es, toda entera, sin omitir nada de lo que recuerdes de ella.

    El agua del lago estaba apenas encrespada; el reflejo de cobre del antiguo palacio de los Sung se desmenuzaba en reverberaciones centelleantes.

    -Las imágenes de la memoria, una vez fijadas por las palabras, se borran-dijo Polo.-Quizá a Venecia tengo miedo de perderla toda de una vez, si hablo de ella. O quizá hablando de otras ciudades la he perdido ya poco a poco.

    Me encanta tu blog.

  4. Hola!!
    Añado este comentario unos cuantos meses tarde, pero ójala no sea demasiado tarde!!!! Este libro es quizá mi libro favorito. El artista español (murciano, creo) Pedro Cano, acuarelista, hizo una serie de acuarelas, una sobre cada ciudad descrita por Calvino en su libro. La idea para esto se la dió Chichita, la esposa de Calvino, poco después de la muerte de éste. Nunca he tratado de buscar en Internet (tuve la enorme suerte de ver una exposición de estas acuarelas), pero seguro que en algún rincón de la Red existe alguna foto sobre ellas. Son un regalo, igual que el libro.
    Ciao!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s