La pasión según Grassi

En el último mes tuve que escribir tres artículos sobre el caso Grassi, el cura que está siendo juzgado por abuso sexual agravado y corrupción de menores. Aquí abajo van los tres, sin editar, asi que en la versión que apareció en Miradas al Sur están un poco más prolijos.  Algún día -quizás cuando termine el juicio-habría que discutir a fondo como trataron  el tema los medios de comunicación. Hay que pensar, por ejemplo, que siente una víctima cuando su violador aparece hablando por televisión.

17 de Agosto – Primer artículo

Después de ocho años de idas y vueltas, el martes 19 de Agosto comienza el juicio contra Julio Cesar Grassi, el cura acusado de abuso sexual agravado y corrupción de tres internos de la Fundación Felices los Niños. Se espera que el debate dure tres meses, y que declaren casi 400 personas. Por decisión del Tribunal Oral Criminal Nro. 1 de Morón, las audiencias no serán abiertas al público. Así, entendieron los jueces, se protegerá “la intimidad de los testigos y el interés de la Justicia”.

La primer denuncia en su contra es de 1991, pero nunca prosperó. El juez de la causa, Julio Cámpora, solía participar de los actos de la Fundación, y era elogiado por Grassi como “nuestro juez de menores”. El 29 de Noviembre del 2000, una nueva denuncia anónima quedó en manos del juez Humberto Meade, que inspeccionó la Fundación. En su recorrida, Meade descubrió dos cosas. La primera, que el cuarto de Grassi estaba comunicado por una puerta corrediza con la habitación de los niños. La segunda, que Grassi había montado una ‘suite nupcial’, con cama matrimonial, televisión, equipo de audio y gimnasio. Allí, decían los testigos, el cura hacía sus fiestas con menores. El juez quedó tan impresionado por lo que vio, que terminó dándole consejos a Grassi: “Padre- le dijo-haga las cosas bien. Tenga cuidado con su sexualidad”.

En Octubre del 2002, con la causa a punto de cerrar, apareció el informe de Telenoche Investiga. Durante un año, la periodista Miriam Lewin había recogido testimonios y pruebas. “Mucha gente –recuerda Lewin- que había trabajado en la Fundación en distintas épocas relataba que Grassi seleccionada un chico , lo privilegiaba, le daba regalos y los hacía caer en sus redes”. Uno de los casos era el de Ivan, con quién Grassi mantuvo una ‘relación especial’, mientras trabajó en el Hogar La Casita, dirigido por el Padre Metone. Al abrir la Fundación Felices los Niños, contó Metone, Grassi se llevó a Ivan con él. Pero el supuesto romance terminó cuando Ivan cumplió los 18 y Grassi conoció a Fernando, de 11 años, quién enseguida se ganó sus favores. Una pericia, no incluida en la causa, señaló que Fernando mantenía una “relación homosexual consolidada” desde edad temprana.

-Tres casos. En el juicio que comienza el 19 se debatirán los abusos de Gabriel y Ezequiel –de identidad reservada-, y de Luis Gutierrez, que incorporó su testimonio en el 2006. Gabriel contó que cuando tenía 15 años, Grassi lo sentó en sus rodillas y lo empezó a tocar, pero él se resistió. Y que, dos semanas después, fue más lejos: “Me tocó el pene y me dijo: ‘¿Querés que te la chupe?’ Yo negué con la cabeza, pero él lo hizo un rato largo. Esa noche me escapé”. Desde entonces, Gabriel rechaza que cualquier persona lo acaricie. “Sobre todo –dijo en una entrevista- cuando me tocan la panza. Siempre pienso que es él”.

El segundo lo detectó  Anibal Vega, que trabaja en un centro cultural de William Morris. Vega escuchó una discusión entre dos jóvenes de la Fundación Felices los Niños, y que se recriminaban entre sí ser ‘la mujer del cura’.  Al principio, pensó que era una broma, pero más tarde entendió no, y decidió acudir a la justicia junto a uno de ellos, que declaró con el nombre de Ezequiel.  Después de testimoniar, Ezequiel fue víctima de una maniobra en la que terminó preso uno de los abogados de Grassi, Miguel Angel Pierri, y por la que fue suspendido el juez de menores Ricardo Oyama. Entre ambos habían presionado al joven y a su familia para que cambiase su declaración, en un momento en el que la exposición pública había convertido su vida en un calvario. “Si firmás que los de Telenoche te pagaron por hablar –le dijeron a Ezequiel- se van a terminar todos los problemas”. El juez Oyama escribió de puño y letra lo que debía decir Ezequiel, pero olvidó destruir el original. Un empleado guardó el papel, lo llevo a la Procuración General y la maniobra entera cayó.

-Calafate y después. El mismo día que se denunciaba a Gassi en Canal 13, en el 9 trasmitían en vivo un especial con Chiche Gelblung, Eduardo Feinman, Mauro Viale y el propio Grassi, que en medio del programa huyó porque le avisaron que la policía iba a detenerlo. Antes de escapar, el cura presentó a varios jóvenes de la Fundación que lo defendían. Entre ellos esteba un chico de 15 años que no habló. Se llamaba Luis Gutiérrez, y había sido señalado por dos testigos como víctima de un abuso de Grassi durante un viaje a El Calafate, en Santa Cruz. Cuatro años después, en el 2006, el joven se presentó a declarar en la justicia de Morón, en teoría para desmentir esa versión. Pero frente al fiscal contó había sido abusado por Grassi en al menos diez ocasiones.

Desde su declaración, Luis Gutierrez tuvo que entrar al Programa de protección de Testigos, al igual que Gabriel y Ezequiel. “En los últimos años –contó a Miradas al Sur el Dr. Calcagno, abogado de Luis- recibió amenazas, le asaltaron la casa y le dejaron un letrero que decía ‘ojo, la próxima vez va a ser peor’. También le sembraron juicios”.  Anibal Vega, del Centro Cultural William Morris y Enrique Stola, el  Psiquiatra que atendió a las víctimas, vivieron situaciones similares.

El último gran intento para favorecer a Grassi fue a principios del 2006, cuando el Tribunal Oral Criminal 4 de Morón quiso convocar al juicio sin el Comité de Seguimiento y Aplicación del Convenio Internacional sobre los Derechos del Niño, que son querellantes en la causa. “De esa forma –explica Juan Pablo Gallego, abogado de la entidad –se descartaba gran cantidad de testigos y de pruebas, entre ellas la pericia psiquiátrica que dice que Grassi reúne características de un delincuente sexual”. Ese intento terminó con el apartamiento de ese primer tribunal, recusado hasta por la fiscalía. Y ahora, parece, se acabó el tiempo de las dilaciones. El que había prometido “ser el padre de los que no tienen padre”, deberá responder por sus pecados.

24 de Agosto -Segundo artículo

En su biografías oficiales se habla de su formación actoral: de joven, Grassi estudió teatro y lo tentó ese mundo, pero eligió un trabajo acorde a su verdadera vocación. En las pericias psiquiátricas se habla de un Grassi que al ser desairiado reacciona con un “excesivo autoritarismo, con comportamiento irritable, despótico, agresivo”, como contracara de una fachada amable hasta el hartazgo. Sea por una u otra cosa, lo cierto es que en la sala del tribunal Grassi protagonizó una escena de teatro mudo: mientras los jueces rechazaron los pedidos de nulidad, su rostro se transformó. Dejó de parecer un panelista televisivo y se dedicó a mirar fijo, con las pupilas dilatadas y el ceño fruncido, a cada uno de los que intervenía en el recinto. “El martes –confió a Miradas al Sur una fuente que lo conoce muy de cerca- tenía ese manejo de las cámaras que es parte de su vida. Se hizo una composición del lugar en la se sentía que había recreado el glamour mediático de antaño, y hablaba de que se caía todo, que era un complot. Recién el miércoles,  cuando rechazaron las nulidades, entendió que estaba en el banquillo. Eso lo descolocó”.

Al iniciarse el juicio, Grassi había repetido que  en su contra sólo habían pruebas falsas que “podrían ser útiles para un informe televisivo, pero no para una causa judicial”. Su defensores presentaron pedidos de nulidad que traducían esa teoría  a términos jurídicos, pero el tribunal decidió que todas las pruebas eran válidas. Para Juan Pablo Gallego, abogado de las víctimas, ese rechazo es un golpe de muerte a la estrategia judicial del cura. “Grassi había dicho –dijo Gallego a Miradas al Sur- que cuando las dos primeras víctimas declararon él no estaba notificado de la causa. Hoy le demostraron que desde el 5 de diciembre el 2000, dos años antes de que declarasen, él estaba actuando con abogados, osea que estaba bien notificado. Además, las pericias a él le dieron mal, y de las víctimas  dieron bien: se dijo que son creíbles y que fueron víctimas de abuso. Todo el cuadro probatorio está en su contra”.

Otro de los golpes recibidos por Grassi llegó desde la propia Iglesia. El martes, el cura había dicho que contaba con el respaldo de la institución, pero que “Bergoglio no saca comunicados de apoyo a sus sacerdotes”. Pocas horas después, la Conferencia Episcopal Argentina salía a desmentir ese apoyo y, sin decirlo, también daba por tierra con otro de los dichos de Grassi: la presunción de que la autoridad eclesiástica no saca comunicados.

El otro lado

Hay una historia que parece escrita en el reverso de la biografía de Grassi. Es la de Anibal Vega, uno de los principales testigos de la causa. Vega dirige el Centro Cultural William Morris, un lugar visitado por cientos de chicos que van allí a comer. Es un centro que no recibe ningún tipo de subsidios: se financia con lo que aportan los vecinos y con los recursos que ellos mismos generan. Esa cercanía con el barrio donde ellos mismos se criaron, les permitió vivir de cerca la evolución de cientos de chicos. Así, a mediados de los 90’, empezaron a detectar las situaciones de abuso en la zona. Entre las cosas que contaban los chicos, los sorprendía que uno de los escenarios repetidos era la Fundación Felices los Niños. “Yo los escuchaba –cuenta Vega- porque delante mío hablaban como si no estuviese. Se peleaban entre ellos y se acusaban de tener tal o cual relación sexual con el cura”.

Al principio, Vega no creía. Les pedía que no fueran así de mal educados, que Grassi les daba de comer,  que tenían que estar agradecidos y no mentir. Pero los chicos insistían: daban detalles, nombres, circunstancias. Entonces prestó atención. En el 2000 intentó hacer una denuncia para que se investigase el tema, pero no consiguió apoyo. Dos años después, cuando salió el informe de Telenoche, Ezequiel le dijo él quería hablar. Vega lo conocía desde que tenía seis años y vendía pan casero en el barrio. “Lo senté –recuerda Vega- y le dije que me cuente. Me habló de cinco o seis situaciones de abuso con nombre y apellido, y de una situación en la que también estaba involucrado él”.

Desde entonces, la vida de ambos cambió. Ezequiel se presentó a la justicia y Vega se convirtió en su tutor legal. Juntos soportaron seis años de amenazas, presiones y maniobras mediáticas mientras intentaban seguir con sus vidas. Recién ahora, con el debate oral en curso, Vega aceptó algunas entrevistas para que “el juicio no sea público solo de parte del cura, y porque siento una responsabilidad por los chicos”.  Sin levantar el tono, esa misma responsabilidad lo lleva a embroncarse con Grassi. “En vez de atacar a los chicos -dice Vega- si uno piensa están siendo influenciados para hacer algún daño, con la bondad se los pone de nuevo en orbita. Y ese hombre hizo todo lo contrario”.

El martes, Vega recibió nuevas amenazas. “Vos sabes quienes somos, y sabés lo que te va a pasar”, dijeron desde una camioneta oscura que estacionó frente al centro cultural. Pero Vega no le dio importancia: para él, ese tipo de situaciones son una rutina que se va a terminar cuando la justicia baje el martillo. Otros están más preocupados. “Grassi –sostiene la fuente que lo conoce en profundidad- es una persona que no resiste no ejercer una asimetría de poder donde se él sienta más fuerte. Colocado en una situación de paridad no funciona, y en un banquillo de acusados menos. Le fue tan mal en estos días que no sabemos cuál va a ser su reacción. Puede hacer cualquier cosa”.

6 de Setiembre- Tercer artículo
Durante la última semana, Julio Cesar Grassi declaró en el juicio oral en el que se lo acusa de abuso y corrupción de menores. El primer día lo dedicó a contar su autobiografía, en especial su camino ascendente dentro y fuera de la iglesia. “Siempre –contó una fuente judicial a Miradas al Sur- tuvo problemas en la institución, así que intentó mostrarse como un incomprendido por parte de sus superiores”. Más tarde se despachó con las teorías del complot. El origen de sus problemas, aseguró Grassi, está en el conflicto económico que tuvo con Susana Giménez, Galimberti, Jorge ‘Corcho’ Rodríguez y Jorge Born, aunque al salir de los tribunales, en los medios de comunicación, Grassi negó haber nombrado a la diva de los teléfonos. “Al segundo día- explicó la fuente judicial- habló de un complot de la periodista Miriam Lewin, y el jueves agregó otro complot más, en el que involucró a psiquiatras, periodistas, funcionarios judiciales de Santa Cruz, de Morón. Pero nunca estableció que relación hay entre un supuesto complot y los otros”.

Recién el jueves, Grassi intentó cerrar su teoría explicando que Miriam Lewin, que dirigió el informe de Telenoche Investiga, primero armó un libreto, después consiguió jóvenes que pudieran sostener un discurso actoral frente a las cámaras y, por último, después de emitido el programa, cambió a esos chicos por otros que presentó a la justicia. “Nunca había escuchado esa acusación –dijo Miriam Lewin a Miradas al Sur – pero ronda el delirio. Las víctimas se sometieron a todas las pericias que fueron requeridas y él no se sometió a ninguna. Si sus declaraciones no fueran creíbles, el proceso no hubiese llegado hasta acá”

Días malos. Para demostrar el supuesto complot, Grassi pidió proyectar el video de Telenoche Investiga, pero no el que estaba en la causa, sino una versión que él mismo tenía en su poder y que, aseguró, era “más completa que la que está en el tribunal”. Como los videos se presentan junto al resto de las pruebas al inicio del juicio, el pedido fue rechazado por la querella y retirado por los defensores del cura. Un día antes, los originales de ese programa habían irritado a Grassi, al punto que pidió que dejaran de proyectarlos. Una fuente que lo conoce muy en la intimidad, aseguró que “hay imágenes, como las del cura Elvio Metone- que declaró en su contra- o de María Laura Santillán, que le producen fobia”.

Otro revés para Grassi fue la presencia de los querellantes en la sala. El cura había exigido que se retirasen mientras él declaraba, pero el tribunal denegó el pedido. En especial, a Grassi le incomoda la presencia de Luis Gutierrez, con quién demostró cierto despecho. “De los otros dos –dijo el cura en un tramo de su declaración- no me duele tanto, porque no tenía la misma relación que con Luis. Justo a la persona que le di lo mejor me hace esto. Nunca lo hubiera esperado del hombre que me acompañó desde que todo empezó”.

La causa por el abuso de Luis Gutierrez fue la última en incorporarse al expediente. Comenzó en el Calafate, por la denuncia de un profesor de gimnasia que en el 2000 vio a Grassi en la cama junto al niño. En el 2003, cuando todavía formaba parte del círculo íntimo del cura, la víctima negó los hechos. Pero en el 2006, mientras declaraba en la justicia de Morón, se quebró y reconoció haber sido abusado al menos una decena de veces. Más tarde, de vuelta en Santa Cruz, Luis narró la situación vivida en Calafate, lugar donde nació “una amistad” con Grassi, la relación que desató el infierno.

Mi propiedad. El Calafate es un pueblo que atrae a medio millón de turistas al año y tiene 15.000 habitantes permanentes, pero durante la temporada alta puede sumar otros 10.000. La leyenda dice que Grassi llegó en 1973 como misionero, y que allí decidió abrazar los hábitos. En Julio del 2008, la justicia local lo procesó por el abuso de Luis Guitierrez. La noticia causó impacto en la región. “Pero acá –dijo un viejo habitante de la zona a Miradas al Sur-hay una generación que se crió con Grassi. El procesamiento fue un golpe fuerte, pero ésta es una sociedad apática, que sólo piensa en hacer dinero: en los últimos 3 años se denunciaron 50 casos de abuso infantil, y en la opinión pública no pasó nada”.

El silencio también ronda la escuela que Felices los Niños construía en terrenos donados por el municipio de Calafate en 1997. Son seis hectáreas, ubicadas a 400 metros de la avenida principal y valuadas en $ 215 el metro cuadrado. En el 2002 se puso la piedra fundamental, pero dos años después las obras se paralizaron mientras avanzaban las causas contra el cura. Y ahora, como los plazos para construir están vencidos, Grassi le propuso un trato a la municipalidad: devolver la mitad de los terrenos a cambio de que lo dejen vender otras dos hectáreas. El municipio aceptó el convite y piensa recaudar cerca de 6 millones de pesos con la venta de esas tierras. El plan de Grassi es entregar dos de sus tres hectáreas restantes a una empresa constructora, como pago para que terminen de levantar la escuela. El acusado manejó las negociaciones en persona, a pesar de estar legalmente separado de la fundación.

Uno de los abusos por los que está procesado en Calafate habría sucedido adentro de una camioneta, a pocos metros de la obra hoy paralizada. Allí, declaró Luis, Grassi lo besó con música de fondo elegida por el cura: una canción de Soledad Pastorutti que decía “para que sepan todos que tú me perteneces/ con sangre de mis venas te marcaré la frente/ para que te respeten aún con la mirada/ y sepan que tú eres mi propiedad privada”.

Ahora, sentado en el banquillo de acusados, para Grassi está sonando otra canción.

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