Oriana

Nadie sabe como empezó. Que le pasó a ese pibe un año atrás, cuando su padre bombero y su madre costurera todavía vivían juntos. Por qué no se hizo Boy Scout como sus hermanas. Por qué no se metió a organizar la murga como su padre. Algunos especulan que fue por la separación que ya se venía venir. Otros, por el simple contagio. Lo cierto es que hace un año Carlos Daniel Alvarez, el Culi, empezó a andar mal. Y ahora tocó fondo: está preso por haberle metido un balazo en el pecho a una nena de dos años.

Culi nació hace 18 años en la Isla Maciel. Conoce de oídas pocas historias del pasado del barrio . No sabe que allí existió el frigorífico Anglo, con sus 17.000 trabajadores, ni que en cada manzana había un astillero y que los barcos llegaban hasta su cuadra. De esa época arrabalera ya no queda nada. Las grandes fábricas se convirtieron en depósitos de containers, y entre los astilleros sobrevivió uno solo: el ex-Sanym, recuperado por sus trabajadores, que funciona como otra isla de trabajo dentro de la isla. Culi tampoco conoció los famosos prostíbulos de antaño, uno de los negocios más rentables del barrio. De las casi 500 prostitutas que había allí sólo sobrevive Margarita, una mujer triste que atiende a los albañiles con olor a vino que trabajan a contraturno. El paradigma de hoy es otro: si antes los vecinos de la Boca cruzaban a la isla para debutar, ahora toman los botes para comprar paco o cocaína.

Jorge Jaunarena es de la Asociación Miguel Brú, una de las pocas ONGs que hizo trabajo comunitario en la Isla. “En la Maciel-explicó a Miradas al Sur-pasa lo mismo que en tantos lugares del país donde desde hace décadas las pobreza estructural arrasa y no se atienden políticas esenciales. Ya tenemos generaciones de desocupados, chicos que nunca vieron trabajar a sus padres”. Culi es hijo de esa generación.

-La pelea

.Antes eran todos amigos. Paraban juntos en la a cancha de futbol, hasta que un día se dividieron las áreas como dos equipos rivales. Los del Fondo se quedaron con el corner que está más adentro del barrio. Los de adelante con la esquina contraria. Al mando de los primeros está Victor, un pibe de 18 años con un hermano fusilado la policía y otros dos presos. Uno de esos hermanos, el que está en Marcos Paz, cayó hace tres años por el robo a la productora de Tinelli: en el barrio todavía se acuerdan como se paseaba mostrando como trofeo el Martín Fierro que se había llevado de Ideas del Sur.

Al Culi lo señalan como el jefe de la banda de los de adelante. Hace un año se empezó a juntar con gente de la Villa Tranquila, ladrones viejos con cierta inquiria contra la Maciel. Ellos, dicen los vecinos, le dieron un coraje que no se merece. El Culi fue el pionero en la pelea entre los dos sectores: tiempo atrás le pegó un tiro en la mano a un pibe solo porque vivía en el Fondo. Seis meses después balearon la casa de su madre y le prohibieron el paso por el territorio que había desafiado. El tiempo lo vengó rápido: de los tres que ofendieron su casa, dos están muertos y uno preso, aunque por otro hecho. “La balacera-explicó a Miradas al Sur un vecino que pidió reservar su identidad- nunca se denunció. En la isla, esas cosas mueren donde empezaron”.

La disputa entre ambos bandos es geográfica, pero también de oficios y económica: las peleas entre pobres suelen ser una lucha de clases miserable. Adelante, la Maciel es un barrio constituido, con casas viejas pero con todos los servicios y algo de asfalto. En el fondo, donde los ranchos chocan con el Riachuelo, las casas se vuelven más precarias y lo servicios públicos son inexistentes.

Los del Fondo se apoyaron en Titina, la mujer que está al frente de unos de los clanes de vendedores de cocaína más grandes de la Isla. Con sus nueve hijos involucrados en el negocio, Titina logró mantener su poder desde la cárcel, donde estuvo hace hace un mes. En la Isla familia compró protección a un precio barato: se encargó de repartir las armas e intercambiar favores con los pibe del Fondo, que ahora le cuidan el negocio de los consumidores que se pasan de la ralla. Para hacer la diferencia, los del Fondo se dedican a “quicrear” -robar autos- de los que por error bajan del autopista en la isla, o a desvalijar a los turistas desprevenidos que cruzan el puente Avellaneda. Los de adelante, en cambio, se proyectaron hacía afuera. “Ellos-continúa el mismo vecino- tienen motos y mejores fierros. Se van a robar a la Capital: hacen salideras bancarias y robos grandes”.

-Tiroteo

A Javier, uno de los amigos de Culi, se lo advirtieron la última vez que cruzó de un territorio a otro para comprar paco. “En el fondo -le dijeron-no te queremos ver más. Vos nos venís a satelitear”. Javier desoyó la advertencia. El sábado, como un desafío, volvió a cruzar por la cancha y encaró para el mismo lugar. Le cortaron el paso con un balazo en las costillas. Lo trasladaron al hospital Fiorito y en el barrio se supo poco de su suerte. De lo que si se hablaba era de la venganza. En la Maciel, los allanamientos y los ajustes de cuentas son como las tormentas: se presienten en el aire. El movimiento de motos, los encuentros en las esquinas, algunas ausencias y presencias extrañas advierten lo que vendrá.

A las 11 de la noche del martes pasado Oriana, su dos años a cuestas, jugaba en la vereda. A pocos metros de allí el padre conversaba con su suegra, la pastora de la iglesia evangelista del Fondo. Los de la banda del Culi cruzaron la cancha por la línea lateral. Caminaron contra las paredes, se parapetaron en un tacho de basura y desde allí dispararon. El tiroteo duró unos segundos. Javier, el jefe de los del Fondo, se llevó una bala en un pie y escapó rengueando. Oriana no alcanzó a hacer nada: la bala le entró por el pecho y le perforó un pulmón. Algunos dicen que escucharon al Culi decir que le había dado a la nena. Más tarde, el adolescente se refugió en Dock Sud, pero su propia madre lo entregó. En el barrio se hicieron 10 allamientos y unas pocas detenciones. Oriana, dicen los médicos, se recupera de forma satisfactoria. Después, cuando salga, le espera lo más dificil: crecer y sobrevivir en la Isla Maciel.

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