La misteriosa desaparición del ingeniero que sabía demasiado

El 27 de Setiembre del 2004 Raúl Tellechea -55 años, de profesión Ingeniero- cenó con su pareja. Poco después de medianoche montó su bicicleta, pedaleó por las calles de la ciudad de San Juan, abrió la puerta de su casa, puso a cargar el celular, dejó los anteojos y la billetera sobre la mesa. Quizás tomó la medicación contra la diabetes, quizás no. LO seguro es que desde ese momento nadie volvió a saber de su suerte. Las cosas que lo rodeaban quedaron intactas, como si el dueño se hubiese esfumado en el aire. La familia comenzó a buscarlo por la tarde. Los diarios locales dieron la alarma: el primer día sin el ingeniero titularon “Desaparece un emblema del ciclismo sanjuanino”.

En su juventud, Tellechea fue corredor de carreras. En su madurez, estudió para ser Comisario Nacional de Cronometraje de Ciclismo, y dedicó su tiempo libre a crear un software para medir los tiempos de las carreras. Hombre afecto a los sistemas, también se especializó en desarrollar programas contables para varias empresas. Una de ellas era la Mutual del Personal de la Universidad Nacional de San Juan, donde estaba a cargo de los sistemas informáticos y había montado un sistema para la liquidación de sueldos. Allí se centran hoy todas las sospechas del caso.

Poco después de la desaparición, se sabría que la última noche, antes de la cena con su pareja, Tellechea estuvo en una reunión de esa mutual. También se sabría que 15 días antes había renunciado a esa institución, y que en esa última reunión había discutido de forma dura con sus entonces ex-empleadores. Pero antes de que se reconstruyeran esos últimos momentos, sucedió algo tan extraño como todo lo demás. El 30 de Setiembre, dos días después de la desaparición, los propios directivos de la Mutual denunciaron al Ingeniero Tellechea. El hombre, decían, se había fugado con $10.000 cobrados mediante planillas fraguadas casi un año antes.

Miguel de Castillo, el presidente en ejercicio de la Mutual, fue más allá. El 3 de Setiembre apareció en los medios locales poniendo en duda que la ausencia de Tellechea haya sido involuntaria. Los diarios cambiaron de título: “La Interpol-dijeron entonces-busca a un Ingeniero”. La causa judicial -que todavía hoy sigue en manos del juez Leopoldo Zavalla Pringles- se caratuló como “actuaciones para esclarecer paradero” y tardó casi dos años en volver a incorporar la figura de la desaparición.

Casi 20 días después de esas declaraciones, los afiliados a la Mutual exigieron una asamblea para discutir lo que estaba sucediendo. Allí se intentó descalificar al Ingenerio, pero las cosas se dieron vuelta: cuando el abogado de la Mutual, Ernesto Videla, dijo que Tellechea había admitido su responsabilidad durante la reunión del día 27, alguien le recordó que él no había estado presente allí. Lo cierto es que ninguna de las pericias judiciales logró probar que el Ingeniero se había quedado con dinero. Era una suma que, por lo otro lado, parecía insuficiente para que alguien decidiera irse así.

De pronto apareció una nueva versión de los hechos: se decía que Tellechea había descubierto un faltante de dinero en la Mutual, y que preparaba una denuncia contra sus directivos. Esa denuncia por administración fraudulenta y estafa a los afiliados, que incluía cheques sin fondos por 230 mil pesos y una deuda de 635 mil, finalmente fue realizada por las abogadas Margarita Camus e Inés Cantoni. Esa causa aún está abierta y sigue teniendo a la mira a los entonces directivos de la Mutual.

En su momento, esa misma denuncia provocó la renuncia del vice Ministro de Desarrollo y Promoción Social de la provincia, Luis Moyano. Es que Moyano también era el presidente electo de la Mutual y estaba de licencia para ocupar el cargo en el estado, pero seguía siendo considerado el hombre fuerte de la institución. Su vinculación judicial con el caso, además, tiene otra arista. Como Mariana Tellechea, la hija del ingeniero, dijo alguna vez que “no tenía pruebas, pero si la certeza” de que Moyano y Miguel del Castillo tienen alguna responsabilidad en la desaparición de su padre, estos la demandaron a ella y a su hermano por calumnias e injurias.

Una de las líneas de investigación de la causa nació el Domingo 14 de Noviembre del 2004. Esa tarde, Mauricio Tellechea recibió un llamado. “Tengo información sobre tu padre”, le dijo la voz angustiada y joven que lo citó en una plaza de San Juan unos minutos después. Allí, entre lágrimas, Nelson Sebastián Cortez Páez -que entonces tenía 18 años- confesó que había estado en el departamento de un ex policía donde tenían secuestrado a su padre, y que este había muerto de un paro cardíaco por falta de insulina. Lo secuestraron, dijo, porque “tenía documentación que comprometía a gente importante”, incluyendo gente de la Mutual. El joven le pidió dinero -poco menos de 100 pesos- y le dibujó un plano donde en teoría habían enterrado el cuerpo. Y acto seguido se esfumó en las calles de San Juan.

La justicia lo ubicó pocos meses después. En ese momento se comprobaron dos cosas: primero, que el adolescente le había dado su nombre verdadero al hijo de Tellechea. Segundo, que a pesar que de en su declaración judicial negaba el encuentro en la plaza, este había existido. Una escucha telefónica y una pericia caligráfica sobre el plano que había dibujado fueron las pruebas que le impidieron retroceder. Cortez Paez, entonces, intentó decir que había mentido: dijo que todo era un invento para conseguir dinero, algo extraño ya que tenía datos precisos de la causa y había pedido apenas unos billetes. Aún hoy, después de varias ideas y vueltas judiciales, se espera que una pericia definitiva determine si se trata de un mitómano o no.

La familia Tellechea, que encabezó la búsqueda y las movilizaciones que no se interrumpieron en estos últimos años, mantiene la esperanza. Al cumplirse cuatro años, los hijos del ingeniero fueron recibidos por el ministro Anibal Fernandez. Este les prometió que el estado nacional se presentaría como querellante en la causa. Parte de las esperanzas hoy están puestas en que eso se concrete. “Para que esto se esclarezca – dijo a Miradas al Sur Mariana Tellechea, la hija del Ingeniero-necesitamos que salga del ámbito provincial. No estamos dispuestos a bajar los brazos”. Hacerlo, dicen, sería igual a morir.

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