La guerra en las tribunas de Huracán.

Huracán no sale campeón desde el 73. Ahora –si Velez lo deja- está a un paso de lograrlo. La esperanza generó una vuelta a las tribunas: los que se habían resignado a escuchar los partidos por radio o mirar el resumen en la televisión están yendo a la cancha otra vez. La semana pasada el equipo jugó de local contra Arsenal. Antes de que salgan los jugadores, una bandera blanca tapó gran parte de la popular quemera. En el centro tenía pintado el escudo del globo, y debajo una leyenda que decía “venga un aplauso para esta hinchada”. Parecía que el Estadio Ducó se venía debajo de tanta fiesta.

Unos minutos antes, la tensión había cobrado protagonismo. Mientras un hincha venido desde Temperley colgaba su bandera –una que tiene lugar fijo a fuerza de repetir el ritual cada domingo – los de Villa Zavaleta le gritaron que la bajara. El de Temperley hizo como que no escuchaba, pero al rato bajó del alambrado y los invitó a pelear. El Bocón, uno de los jefes de la barra, apareció desde el centro de la tribuna y calmó la situación. Enseguida volvió el festejo, pero la sangre había quedado en el ojo de varios. Y pronto regaría el piso.

Los dos grupos mayoritarios de la barra de Huracán son La Jose C. Paz y El Pueblito. Los primeros se llaman así por la plaza de Parque Patricios donde suelen reunirse. Son el núcleo histórico de la hinchada y el más organizado. Los del Pueblito, en cambio, se hicieron fuertes en los últimos años. Tienen base en un asentamiento de Pompeya que lleva ese nombre, y hoy son el sector mayoritario. Ambos grupos hicieron un acuerdo: tradición y número para controlar las populares de Huracán y los negocios que genera un club de buena racha.

Villa Zavaleta es el asentamiento de Barracas que está pegado a la Villa 21-24. El grupo que forman los hinchas que viven allí fue expulsado por la barra brava en el 2007. Muchos los acusaban por los constantes robos en la tribuna, pero la gota que rebalsó el vaso fue una pelea por garrapiñadas. En aquellos días, las mujeres de quemeras vendían maní tostado en la tribuna. En la fecha contra Banfield, una de las vendedoras discutió con un policía. La chica le pegó una trompada al agente, y las garrapiñadas cayeron al piso. Los de Zavaleta aprovecharon para quedarse con la mercadería. Los otros sectores de la hinchada hicieron frente común para expulsarlos a golpes. Desde aquel día, Zavaleta tuvo la entrada prohibida.

Pasaron casi dos años y el asunto parecía olvidado. En las últimas fechas, cuando se confirmó que Huracán podía ser campeón, los de Zavaleta decidieron volver. Dijeron que lo harían por las buenas o por las malas. Los de la Jose C. Paz y el Pueblito recibieron el mensaje y negociaron. Les dieron una parte de lo que estaban manejando: algunas fuentes dicen que el 10% de las entradas que recibe la barra y un micro. Si hubo acuerdo o no, lo cierto es que éste duró poco. En Rosario, varios de los de Zavaleta se quedaron sin poder entrar a la cancha, y en el partido contra San Lorenzo que se jugó en Boca, volvió a faltar lugar para ellos. Ese día hubo algunas peleas en los accesos al estadio, pero la situación no pasó a mayores.

En el partido contra Arsenal parecía que la bronca se iba a quedar en la discusión por las banderas. El primer tiempo había terminado con un 1 a 0 a favor del globo. En el descanso, los de la Jose C. Paz se agenciaron con hamburguesas y gaseosas para su gente. Ese es parte del tributo que los concesionarios pagan para poder trabajar, y el reparto es uno de los privilegios de los que manejan la hinchada.

Esta vez, los de Zavaleta quisieron una porción de la torta, y la situación explotó. Los de la Jose C. Paz y el Pueblito se juntaron para sacarlos a golpes. El combate duró cerca de 7 minutos. A los de Zavaleta se les unieron algunos de sus vecinos del barrio, pero igual salieron derrotados y se fueron del estadio.

Desde las plateas y la popular, el resto de los hinchas empezó a cantar contra los protagonistas de la pelea. “Parecen cuervos, la puta que los parió”, repetían indignados. Los de la barra brava respondieron con golpes a mansalva, y enseguida sobrevino un silencio tan espeso que se podía cortar con cuchillo. Minutos después, el telón blanco volvió a brillar sobre las cabezas. Era un intento de pasar a un nuevo acto. Pero ya nadie quería aplaudirlos.

Casi al final del segundo tiempo, a los 80 minutos de juego, un gol de Bolatti agrandó la diferencia contra Arsenal. A los 82, otro de Matías De Federic aseguró el primer puesto para Huracán. El estadio volvió a estallar de alegría, como si nada hubiese sucedido.

Afuera, sin embargo, los de Zavaleta tramaban la venganza. Se habían retirado como un ejército derrotado, rompiendo y robando lo que encontraban a su paso. Al final del partido, un grupo de ellos se dedicó a balear a los autos que pasaban por su territorio. Hubo escenas de pánico: una mujer que volvía de alentar al globo contó que su una bala entró por la ventanilla del acompañante y quedó alojada en el parante de la puerta del conductor.

Cerca de allí, en la esquina de Rio Cuarto y Luna, en una de las entradas de Villa 21, todos los domingos después de la cancha un grupo de hinchas de reúne para tomar a tomar cerveza y fumar porro. Christian Bustamante, de 30 años y vecino de la 21, solía participar de esos convites. Esa tarde volvía para el barrio y al doblar por la calle Luna se encontró con un grupo de 15 hombres con camisetas de su mismo equipo. Eran los de Zavaleta. El joven terminó desnudo, molido a golpes y con tres puntazos, uno de ellos cerca del corazón. Mientras lo golpeaban, alguien llamó a su celular. Atendió uno de los agresores. “Vengan a buscarlo –dijo entre risas el tipo- está en la calle Luna. Lo dimos vuelta”. Bustamante es el único herido que continua internado en el Hospital Penna.

Pero el objetivo de los de Zavaleta era otro. Sobre la misma calle, pero a dos cuadras de Villa 21, vive la familia de Claudio “Cone” De Respiris, uno de los jefes históricos de La Jose C. Paz. El Cone está marcado por el derecho de admisión: no puede entrar a la tribuna desde una pelea contra Defensores de Belgrano en el 2004, cuando el globo todavía estaba en la B. En los últimos años tuvo algunas apariciones casi clandestinas, pero su lugar fue ocupado por uno de sus hermanos, el Narigón Pablo. Este último es conocido como la “parte pensante” de la hinchada, mientras Cone es respetado sólo por la contundencia de sus puños.

A cuál de los dos fueron a buscar los de Zavaleta es algo que quizás nunca podrá saberse. En la casa solo estaban la madre y el hermano de Cone, Cristian “Pipi” De Respiris. De 32 años, el menor de los hermanos De Respiris trabajaba de remisero y no tenía participación en la hinchada. Cerca de las 20:40 empezó la balacera frente a su domicilio. Enseguida Pipi cayó herido y la madre, al ver que era acribillado, salió a responder. Algunas versiones dicen que ella disparó con un revolver calibre 357. Lo cierto es que desde allí y hasta la calle Osvaldo Cruz hubo corridas, peleas y disparos. Y que, cuando todo se calmó, la mujer llevó a su hijo al hospital Penna, pero el joven llegó a la guardia sin vida.

Los de José C. Paz se enteraron enseguida. Ni lo pensaron. En Zabaleta los vieron llegar en varios autos y armados para la guerra. Era la segunda vez que la barra brava entraba a la villa. La vez anterior habían ido para recuperar unas banderas. Aquella vuelta, los de la José C. Paz llegaron con bidones de nafta y amenazaron con prender fuego los ranchos. Ahora fueron directo a los tiros.

Más tarde trascendería que buscaban a un hombre apodado Pelé, señalado como el jefe de la banda de Zavaleta. Para la justicia el dato fue un problema: en el barrio, dicen, hay cinco personas con ese nombre, aunque uno sólo de ellos va a la cancha, trabaja de recolector de residuos y es miembro de “los uruguayos”, una familia de armas tomar.

Cerca de las 23 horas parecía que todo había terminado. Orlando Sosa, de 30 años, hincha de Huracán y vecino de Zavaleta, cargó a los heridos más graves en un Volkswagen Senda y los llevó al Hospital Penna. Junto a él viajaban tres personas. Tanto Fernanda Nievas, de 35 años, como Hernán Oncea, de 28, tenían las piernas fracturadas por las balas. Mario Rojas, en cambio, había sufrido una puñalada en la cabeza y otra en la espalda, cerca de la columna.

Al llegar al Penna los cuatro se dieron cuenta de su torpeza. Allí también estaba parte del otro sector de la barra y la familia de Pipi, el primer muerto de la jornada. Los heridos tuvieron tiempo de entrar, pero Sosa quedó atrapado en puerta de la guardia. Murió de dos balazos: uno en el intestino y el otro en el pulmón. Su auto, volcado y prendido fuego por los hinchas, fue la imagen más repetida en los medios de comunicación.

Ninguno de los heridos aportó datos a la causa. Mario Rojas dijo que él estaba en la calle y le habían querido robar. Fernanda Nievas dijo que estaba en su casa cuando empezó el tiroteo, y que no supo quién disparó ni por qué. Hernán Oncea no dijo nada: ni bien le enyesaron la pierna, se fugó sin dejar rastros.

La semana que viene Huracán puede ser campeón. Para eso, tiene que empatar o ganar contra Velez. El Club de Liniers sólo le otorgó al Globo 3000 populares y 1500 plateas. Una de las posibilidades es que se instale una pantalla gigante en el Estadio Ducó, para que los hinchas puedan seguir la final en vivo. Se pronostica fiesta, pero lo cierto es que la tensión quedó instalada en toda la zona de influencia quemera. Las alianzas y traiciones que se tejieron durante las peleas del domingo, con el correr de los días se volvieron juramentos. “Muchos –contó un hombre que vive en los pasillos de Zavaleta-se mandaron a guardar.Saben que esto no va a quedar así”. Quienes conocen el paño aseguran que si el globo gana el torneo, la guerra por el control de la tribuna no va a detenerse. Con la alegría, dicen, se volverá mucho más cruenta.

(artículo aparecido en Miradas al Sur la semana pasada)

Anuncios

3 comentarios en “La guerra en las tribunas de Huracán.

  1. muy bueno el post che.
    Estuve esa tarde-noche en la popular donde ocurrieron los hechos del entretiempo que contás, y fueron tal cual.
    si te interesa, tengo algunos datos para aportarte, porque a mi entender, esto no terminó acá (lamentablemente), y cuando empiece el nuevo torneo estas cosas van a seguir.

    saludos

  2. muy bueno el post che.
    Estuve (como siempre) esa tarde-noche en la popular donde ocurrieron los hechos del entretiempo que contás, y fueron tal cual.
    si te interesa, tengo algunos datos para aportarte, porque a mi entender, esto no terminó acá (lamentablemente), y cuando empiece el nuevo torneo estas cosas van a seguir.

    saludos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s