Los Sacco y Vanzetti de la marihuana

Los lunáticos, los aventureros y los artistas dispuestos a ser consumidos por su obra son el combustible de la historia. Son hombres y mujeres que encuentran su misión en la vida y que están dispuestos a cumplirla. Acá tenemos dos ejemplos: Marc Emery y Eddy Lepp, el primero canadiense, el segundo yanqui, van a ser recordados como los cristianos primitivos de la legalización de la marihuana. Tipos que se atrevieron a poner la cabeza en las fauces del león del prohibicionismo, y que no dudaron en sacrificarse para dar su mensaje y sembrar el ejemplo.

“Ustedes lo saben. -dijo el canadiense Marc Emery en una entrevista-No le tengo miedo a la muerte ni a la carcel”. Sus admiradores lo llaman “El principe de la Marihuana”. Sus enemigos dicen que es el narcotraficante número uno de América del Norte. En ambos lados de la vereda coinciden en algo: si de cannabis se trata, Marc está en los primeros puestos del ranking. Se calcula que desde su empresa Marc Emery Direct Marijuana Seeds vendió cerca de 4 millones de semillas de maría. Él mismo dice que eso podría representar unas diez millones de plantas distribuidas en Canadá, Estados Unidos y una decena de paises. Pero no se imaginen nada: Marc no es un narco con limusines y cientos de guardaespaldas, sino todo lo contrario. Hizo su negocio a la luz del sol, pagó impuestos y reinvirtió todas sus ganancias en financiar actividades y grupos contra el prohibicionismo. El negocio de las semillas, en manos de Marc, era solo otra forma de protestar.

Alcanza con escucharlo hablar para darse cuenta. A simple vista parece un vendedor de seguros con un poco de ojeras, pero cuando abre la boca, se revela tal cual es: un agitador libertario, un activista político y un showman que pensó esto como una estrategia para terminar la guerra contra las drogas. Hoy, luego de ser condenado, Marc está dispuesto a dar un último gran paso en su campaña: una gira nacional por decenas de ciudades antes de entregarse a la justicia y cumplir una condena de 5 años de prisión. “A veces -dijo Marc en una charla con THC- se necesita preso a alguien reconocido por todos, para que todos los que estan en la misma situación puedan vincularse con su caso. Entonces una persona puede convertirse en símbolo de muchos, y eso podría ayudar a todos”.

Al otro lado de la frontera, en Estados Unidos, el veterano de la guerra de Viet Nam Eddy Lepp enfrenta una situación similar, pero quizás más grave. Lepp acaba de entrar a la carcel para cumplir una condena de 10 años. A él se lo acusa tener la plantación de marihuana más grande que la DEA haya confiscado en su historia: nada menos que 32.000 plantas de maría, que Eddy cuidaba lo que él mismo llamó “El jardín medicinal más grande del mundo”. En el 2004, cuando la DEA llegó hasta su granja, se encontró con lo que todos sabían: que este hombre con pinta de hippie tenía sus plantas a la vista de todo el mundo. En su caso, se trataba de un cultivo con fines religiosos y medicinales. Además de haberse convertido en un pastor rastafari, sus retoños eran propiedad de cerca de 2000 usuarios medicinales. En su caso, las plantas fueron arrancadas y cargadas en varios camiones. Eddy fue condenado luego de un largo proceso, y el 6 de Julio de este año decidió cumplir su condena. Acompañado por sus amigos y su familia llegó a la prisión caminando y usó sus últimos metros para repetir que su única intención era aliviar el sufrimiento de muchas personas.

-Aquí me vengo a plantar

En 1990, el canadiense Marc Emery era dueño de una librería en Ontario. Ya había tenido cierta actividad política, pero el día de la revelación llegó al descubrir que en su país todo lo relativo a la marihuana, desde la planta hasta la literatura, estaba prohibido por una ley votada en 1987 en el congreso. Amparado en ella, el gobierno había cerrado la High Times Magazine, confiscado todos los libros que hablaban del tema, y clausurado cerca de 500 negocios relacionados con parafernalia canabica. “Como librero-pensó Marc- tengo que hacer algo al respecto”. Asi inauguró una forma de acción que lo llevaría al estrellato y a la carcel. “Pedí por correo varias copias del libro El emperador está desnudo, de Jack Herer-contaría luego-que estaba prohíbido en Canadá. Importé varias copias de forma ilegal y empecé a venderlas. Luego fui al diario de mi ciudad y publiqué un aviso diciendo que estaba rompiendo las leyes sobre la marihuana y que la policía era bienvenida si me quería arrestar”. A eso le sumó la costumbre de vender copias de las High Times y otras publicaciones de la cultura en las calles.

Marc llamó a su modelo de trabajo “venta minorista revolucionaria”, o “capitalismo activista”. Al principio era un método simple: por cada publicación que vendía, Marc ganaba un dólar. De ese dinero, utilizaba 20 centavos -apenas lo básico- para alimentar a su familia y el resto lo invertía en el activismo contra la prohibición. En marzo de 1994 se mudó a Vancouver y continuó con ese trabajo de hormiga. A los tres meses de dar vueltas por las calles, le ofrecieron alquilar un local que había pertenecido al Partido Comunista. Marc pasó un buen tiempo para convertir lo que era una ruina post soviética en un lugar presentable. El 7 de Julio de ese año abrió Hemp BC, su negocio de parafernalia cannabica. “Así -contaría luego en una de su autobiografías- comenzó una década de infrigir la ley, con accciones encaminadas a poner fin a la prohibición de la marihuana por cualquier medio pacífico posible”.

-El señor de las semillas

Ese mismo año, durante la copa cannábica organizada por High Times, Marc escuchó hablar a Ben Dronkers, del banco de semillas Sensi Seeds. El tipo contó que había vendido millones de semillas de marihuana alrededor del mundo, y a Marc se le iluminaron los ojos. Este, se dijo a mismo, es el camino para la revolución. Enseguida incorporó a su negocio un catálogo semillas de un banco alemán. Su negocio se volvió tan prospero que en 1995, el Wall Street Journal sacó una nota de tapa sobre él. Un mes más tarde, en Enero del 1996, recibió una visita policial. Lo obligaron a entregar toda la mercadería y lo acusaron por varios cargos. Un día después del allanamiento, Marc reabrió el local y empezó desde cero. En 1997 le agregó un Grow Shop, un centro de asistencia legal y un café con un vaporizador en cada mesa. Ese año la policía volvió a llevarse todo, y durane todo 1998 continuaron intentado.

Pero Marc nunca se rindió. En el 98′ cambió de estrategia: empezó a vender semillas por correo, y se convirtió en el distribuidor más grande del mundo. Su catálogo llegó a tener 550 variedades de semillas, y sus brotes crecieron desde Canadá hasta Sudafrica. Para entonces, Marc sumaba diez arrestos y ocho entradas en la carcel. En todos los casos había sido declarado culpable y condenado a pargar multas. Pero desde que empezó a vender por correo las autoridades parecieron olvidarse de él, y su negocio trabajó en paz durante una década.

En todo ese tiempo, Marc pagó más de medio millón de dólares de impuestos, siempre declarando que era vendedor de semillas de marihuana. Con el dinero ganado publicó la revista Cannabis Culture, fundó Pot Tv, un canal de noticias sobre marihuana en internet y financió cuanta causa relacionada con la maría se le cruzó por delante. Nunca ocultó sus intenciones, sino todo lo contrario: suscribió a todos los diputados a su revista, fundó el Partido de la Marihuana y se presentó varias veces a elecciones para ser alcalde. En una de ellas obtuvo el 3,5% de los votos, el triple que muchos de los partidos que conocemos.

En todo ese tiempo, se calcula que Emery donó cuatro millones de dólares canadienses a distintas causas que van desde la organización de marchas a favor de la legalización, hasta la manutención de clínicas de rehabilitación para adictos. En total, trató con 120.000 clientes, y él mismo calcula que de ellos, unos 70.000 son norteamericanos. Algunos lo llegaron a acusar de ser el responsable de toda la marihuana que florece en Estados Unidos. Desde allí, como no podría ser de otra forma, le llegó el golpe.

El 29 de Julio de 2005 medio centenar de policias rodearon el lugar donde estaba Marc, voltearon la puerta y le dijeron. “Marc Emery, usted está bajo arresto para ser extraditado a los Estados Unidos de América”. Karen Tandy, el jefe de la DEA por aquel entonces, el mismo día salió a festerjar el arresto en los medios de comunición. “La detención de Marc Emery Scott -dijo Tandy en un comunicado- es un golpe no sólo para el tráfico y comercio de marihuana en los EE.UU. y Canadá, sino también para el movimiento por la legalización. Emery y su organización habían sido designados como uno de los 46 hombres más buscados del mundo por tráfico”.

El proceso contra Emery, encarado por la justicia de Seattle, se hizo con él en libertad. Al principio se hablaba de una condena a cadena perpetua y hasta de la pena de muerte, pero al final Marc llegó a un acuerdo con la justicia: se declararía culpable si dos de sus compañeros no eran acusados. La pena que se le aplicó es de 5 años, algunos de ellos en una prisión norteamericanas y la mayoría en un penal canadiense. En la justicia quisieron bajarle el tono político a la acusacion, pero Marc no está dispuesto a retroceder. “Tenía una muy buena razón para vender las semillas -dijo a Pot TV luego de recibir la sentencia- Quería ganarle a Estados Unidos la guerra contra las drogas”.

Su condena desató una oleada de protestas y pronunciamientos en todo Canadá. Ahora Marc está a punto de entregarse para cumplir con el encierro, pero antes quiso despedirse de sus amigos. Como activista, como político y como showman, recorre todo el país para dejar sembrada la semilla de la libertad.

-El rey de la compasión

Del otro lado de la frontera, en el corazón de Estados Unidos, Eddy Lepp no tiene la misma suerte que Marc. Eddy fue diagnosticado con sindrome de estress post- traumático por su participación en la guerra de Vietnam, depresión, dolor crónico de espalda, cancer de piel y artristis generativa. Él mismo era un usuario de cannabis amparado en la Propuesta 215, que regula el uso medicinal en el estado de California, ley que junto a su esposa ayudó a crear.

Su relación con al hierba comenzó durante la guerra, pero se terminó de consolidar cuando su padre enfermó de cancer y estuvo casi un año alimientado a base de líquidos. Esa situacion empujó a Eddy al activismo y lo hizo abrazar la causa de la marihuana. En 1997, poco después de que se aprobara el uso medicial, Eddy sembró 51 plantas en su jardín, para él mismo y dos pacientes más. Se comprometió a donar el excedente, pero la justicia mo le creyó: durante el verano allanaron su quinta, secuestraron todas la plantas y lo acusaron de narcotráfico. En la corte, sin embargo, no lo condenaron. “La razón -explaría luego Eddy- es que les dije: soy como cualquiera de ustedes. Soy un tipo blanco de clase media, un maldito heroe de guerra de inteligencia militar. El 90% de mis problemas provienen de mis años de servicio. Necesito marihuana. Si tomo pastillas para el dolor -unas cien al mes- me hacen llorar. Si tomo alcohol, me pongo mal. No conozco a nadie al que le caiga mal cuando estoy fumado”.

Después de aquel alegato, la justicia dejó de molestarlo por varios años, hasta que la DEA volvió a poner los ojos sobre su granja en el 2003. Esa vez le secuestraron 266 plantas y no presentaron cargos contra él. Eddy entendió el mensaje, o no, pero igual se puso manos a la obra: denuncio a la DEA para que le devolviesen la maría secuestrada y pidio 67 millones de dólares por daños y perjuicios. En Octubre del 2003, luego de varias batallas legales, la justicia determinó que sus cultivos eran legales, y que otros pacientes podían nombarlo cuidador de sus plantas.

A partir de ese fallo, este hombre serio y pequeño se convirtió al rastafarismo, fundó una iglesia y abrió “Los jardines medicinales de Eddy Lepp”, en un terreno de poco menos de 9 hectáreas en Uper Lake. Su objetivo era bajar el precio de la marihuana medicinal, pero también era un acto político. Lo que hizo fue contactar a pacientes de todo el estado de California, los convocó a varios seminarios y les propuso arriesgar el pellejo por ellos. Cerca de 2000 firmaron una autorización y Eddy puso las manos en la tierra. Nunca escondió sus cultivos: desde la ruta, contó un periodista que lo visitó pocos días antes del ltimo arresto, “las plantas de Eddy se veían. Como si fueran arboles de navidad”.

La DEA golpeó su puerta el 8 de Agosto del 2004, a las 7 de la mañana. Eddy era la única persona levantada en el lugar. Ni bien vio que se acercaba una caravana despertó a todo el mundo y les advirtió: los vamos a recibir con los brazos en alto. El propio Eddy sbrió la puerta de su casa, miró a los catorce hombres vestidos de negro que le apuntaban y les pidió ver la orden de allanamiento. Uno de ellos, el que parecía el jefe, le respondió con un golpe. “Me dio un cachetazo -contaría Eddy más tarde- que me voló el cigarrillo de la cara”. Luego le mostraron la orden: era una hoja en blanco, con su nombre y la firma del juez. En total, ese días se secuestraron 32.000 plantas de marihuana, en un allanamiento que duró cerca de 20 horas.

Pocos días después de ser detenido, Eddy fue liberado bajo fianza. La justicia no le permitió ampararse en el uso religioso y criticó el operativo de la DEA, aunque lo acusó por 1000 de las plantas secuestradas. Finalmente, en mayo de este año, Eddy fue condenado a 10 años de prisión. Considerando que es un de 57 años y con varias enfermedades a cuestas, tanto él como su familia recibieron la noticia como una condena a muerte.

El de 6 de julio, Eddy se presentó en la penitenciaria local. Llegó de pie, acompañado por sus amigos. Antes de entrar, les dijo a todos los que lloraban que él sabía que había hecho lo correcto. En los últimos metros de libertad hubo lágrimas de tristeza y emoción, pero también una última fumata para despedir a un hombre que vive como piensa, que actua como siente. Uno de estos tipos que vale la pena conocer.

(artículo aparecido en la revista thc)

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