Viejas Locas

Nada más dificil que reconstruir algo visto por 45.000 personas, 492 policías, 225 agentes de seguridad, 200 barra bravas, decenas de vecinos y un puñado de cámaras de televisión. La represión en el recital de Viejas Locas del sábado terminó con varios hospitalizados, detenidos y un adolescente, Rubén Carballo, con muerte cerebral. El chico apareció al mediodía del domingo a tres cuadras de donde lo vieron por última vez. Alguien lo había tirado costado del autopista, frente a un paredón de la cancha de Velez.

Según el informe médico, la víctima tenía traumatismo severo de cráneo, hematomas en el ojo derecho, en la muñeca izquierda, en el hombro izquierdo y hundimiento de cráneo. La versión policial es que quizo saltar desde el autopista a un paredón de 12 metros de altura para colarse. Su familia, en cambio, dice que lo molieron a palos: igual que muchos de los que hacían la cola para ver a Viejas Locas, Rubén estaba pintado de azul por el agua de los hidrantes, tenía marcas de balas de goma, palazos y una entrada sin cortar en el bolsillo.

Cada uno lo vivió a su manera. La Pitu llegó a Velez a las 8 de la noche. Para entonces, la cola tenía más de cinco cuadras: 15.000 personas tenían que entrar al campo de Velez por la misma puerta. Le pareció extraño: por lo general, en ese tipo de eventos hay varios accesos, pero igual se puso en la fila. Una hora después decidió adelantarse. Como la fila era un amontonamiento de gente, salió, caminó tres cuadras y volvió a encastrar su cuerpo en la masa. En ningún momento se encontró con cacheos, gente que le pidiera ver su entrada o personal de seguridad.

Lo que si vio fueron empujones y los primeros golpeados: parecía que varios habían decidido hacer lo mismo que ella, y que la policía pretendía reorganizar las cosas a palazos. “Quedé en el medio de la gente-cuenta Pitu- con los pies en el aire. Por los golpes de la cana nos apretabamos contra la pared o nos caíamos al piso unos arriba de otros. Como a las diez menos cuarto empezaron con los gases más fuertes, y ahí mucha gente se largó a correr”.

Lorena -25 años, gestora, oriunda de La Matanza- y Gabriela -también de 25, estudiante de psicología- estaban haciendo la fila. Cuando empezó la represión, habían llegado a una cuadra de la entrada. Quedaron atrapadas entre los que aguantaban la fila y el paredón del barrio cerrado que está en frente de Velez. “La gente -cuenta Lorena-corría para atrás. Nosotras nos quedamos ahí y la cana se nos vino encima. Le mostrábamos la entrada, le decíamos que no estábamos haciendo nada, pero ellos nos gritaban ‘vayanse, negras hijas de puta’ y nos apuntaban con las itakas”.

A medida que los gases hacían irrespirable el ambiente, algunos trepaban la reja de entrada al barrio privado, hasta que se derrumbó. Por un momento hubo una montaña de gente en el piso y a muchos se les apareció el fantasma de Cromagnon. “Cuando cayó esa reja-cuenta Diana, 23 años, estudiante de Bellas Artes- los pibes empezaron a entrar al barrio. Nos metimos ahí adentro y la policía vino atrás nuestro. Por suerte, la gente nos auxilió: nos metían en las casas, nos daban agua y llamaban remises para que nos saquen de ahí”.

Ruben Carballo tenía 17 años. De mañana trabajaba en un taller de chapa y pintura, y por la tarde estudiaba en un colegio secundario de San Justo. Había comprado la entrada dos meses antes, y estaba en la fila con ocho de sus amigos. Cuando empezó la represión, su grupo decidió retroceder: se fueron cinco cuadras hacia atrás, donde los palos todavía no no habían llegado. Dos horas más tarde, cuando la presión de la policía se volvió insoportable, Ruben se soltó de la mano de su amiga. Nadie volvió a saber de él.

Para la hinchada de Velez no había sido un buen día: después de un primer tiempo parejo, Banfield había arrancado el segundo tiempo con un gol de rebote de James Rodriguez. Después vinieron dos más y el partido terminó con un irremontable 3 a 0. En el entorno de Viejas Locas, además, se decía que Fenix (la productora que organizó el recital) había retirado a último momento las 500 entradas de favor prometidas para ‘La Pandilla de Liniers’, como se hace llamar la barra brava fortinera.

Nadia y Sofia, ambas de 18 años, dicen que los vieron llegar: eran más de cien tipos que cantaban canciones de la cancha y tiraban botellas. “Avanzaban por el costado de la cola y le pegaban a la gente- narra Sofia-. Cuando llegaron donde estabamos nosotras, escuchamos a un pibe de la hinchada que dijo ‘eh, acá tendría que tocar Nueva Luna’ y se empezaron a agarrar a piñas”.

Con cargas de la policía esporádicas, la hinchada avanzó entró rumbo a la platea norte. Los que hacían cola y habían soportado la represión y los gases empezaron a hacer presión para hacer lo mismo. En ese momento, según varios testigos, la hinchada también empezó a reprimir. “Nos pusimos locos -explicó uno de los barras, que pidió reserva de identidad – porque estaban rompiendo el club. Los que entrábamos eramos de la banda o amigos: es lo mismo que en cualquier recital en cualquier cancha. Lo que hacíamos era sacar a chatetazos a la gente que se quería colar con nosotros. Eramos los pibes del club, los mismos que vamos a comer asado, los que siempre estamos ahí. No había personal de seguridad: se habían borrado y nosotros cuidamos nuestra casa. De rebote, la policía también nos pegó a nosotros”.

Nacho -18 años, flequillo perfecto, ojos brillantes- y María -20 abriles, pelo por la cintura, muchos collares- estaba a menos de cien metros de la puerta cuando la policía sacó el camión hidrante. Lanzaba un líquido azul que intoxica, pinta, golpea, y que hizo retroceder a mucha gente. Ellos se miraron y dijeron: hay que aguantar. No poner el pecho, hacerse el heroe o convertirse en martir, sino aguantar. Tirarse al piso, cubrirse la cara, dejar de respirar cuando vienen los gases, nunca soltarse las manos. Viejas Locas era la banda que escuchaban desde chicos, y ningún policía ni barra brava iba a hacer que se la pierdan. “En cada oleada -dice Nacho- avanzábamos un poco. Y cuando me quise dar cuenta estabamos adentro el estadio”. Como a miles de los que lograron entrar, nadie les había pedido la entrada.

Alejandra y su novio no tuvieron la misma suerte. A las 11 de la noche, cuando Pity Alvarez entonaba las últimas estrofas de la canción Intoxicado, estaban a una cuadra de la entrada. “La policía -cuenta Alejandra- nos empezó a correr y a decir que no había lugar. En teoria nos sacaban por eso. Media hora después volvimos: nos acercamos hasta la puerta por donde se entraba para el campo, y nos mandaron para otra. Cuando llegamos ahí, nos encontramos con gente de la barra brava. Eran unos diez tipos que hacían una especie de cordón de seguridad con botellas y palos. La gente avanzaba para entrar y ellos los corrían a botellazos. Había un gordo grandote que manejaba a la gente. Cuando llegó la policía, uno le dijo ‘gordo, sacá tu gente de acá’. En ese momento quedamos con la barra brava de un lado y la policía del otro. La verdad es que sentí pánico”.

Por ese mismo miedo, y ante la imagen de un herido que sangraba en el piso, Alejandra se largó a llorar. Lo hizo con tanta fuerza que un policía se apiadó de ella, le señaló una valla y le dijo que por ese lugar podía pasar. Alejandra entró con tres personas más. “Aparecimos atrás del escenario. Había unos tipos de seguridad que no estaban enterados de nada. Nos cortaron la entrada y nos dejaron pasar. Yo estaba toda pintada de azul”. El recital terminó casi dos horas después.

(articulo publicado en miradas al sur)

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5 comentarios en “Viejas Locas

  1. muy buena cronica. me llena de tristeza y de impotencia. no es nada nuevo decir que hay ciudadanos de primera y de segunda, y que eso queda a criterio de gente que carece de sentido común. qué bronca no poder hacer nada.

  2. Son unos HDP todos los canas estaban re zarpados… les pegaban a los pibes chicos que no se podian defender a 10 cuadras de la cancha … y lo peor de todo ese cabeza de tortuga hdp!! que estaba arriba del caballo en la entrada a campo … tuve q sacar a mi chica y quedarme a un costado porque te tiraba el caballo ensima no le importaba una mierda nada… habia pibas embarazadas …. Esto lo puede hacer sin ningun castigo este bastardo? puede ser que no halla ningun tipo de justicia para el abuso de poder que hacen estos hijos de mil putas? porque la verdad la gente queria entrar nada mas no era q se armo un bardo a cascotazos contra la policia … y lo que mas bronca me da es que cagaron a palos y no dejaron entrar a la gente q habia comprado su entrada y la pandillita de liniers manga de culo rotos estaban adentro en la platea cantando dale velez!!! que mierda tenian que hacer ahi esos putos? entraron sin pagar y le cagaron la noche a la gente q pago su entrada y realmente queria ver a viejas locas… Y la organizacion fue una mierda con todas las letras … si sabian que habian vendido todo e iba a ir mas de 40000 personas como puede ser que la entrada sea tan chica comparada con la cantidad de gente que se esperaba … Ah y esto pasa siempre en esa cancha de mierda ya sea para recitales o partidos… La policia q mandan ahi son unos verdugos hdp!!! siempre buscan el bardo con la gente que va a ver un espectaculo y con los que se plantan cierran el orto … Hay que reclamar gente no se dejen cagar por toda esta basura… y despues lloran y tratan de dar lastima cuando bajan un cana ese dia era para cagarlos a tiros sin piedad por como trataron a la gente que no tenia porq comerse ese garron… Ojala se agarren cancer mal paridos de mierda!!!! Y no nos olvidemos del gordo puto ese de camisa q te cagaba a balazos … se hacia el poronga porq tenia la itaca en la mano porq de otra manera iba a tener algo tan largo como eso pero en el orto!!!! muerte a estos putos abusadores !!!! xq los unicos q pagan su impotencia es la gente que no tiene nada q ver!!!

  3. Felicitaciones por la reconstrucción de lo que pasó… la verdad hay datos que nos ayudan a poder entender que pasó y suma a la causa judicial!!!!

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