Dario Santillán

El domingo se cumple un nuevo aniversario de la Masacre de Puente Pueyrredón. Si alguien no se acuerda: a Dario lo mataron la estación de Avellaneda. La policía le disparó a quemaropa porque se había quedado a socorrer a Maxi Kosteki, que estaba a punto de morir por las mismas balas.
Ya van  nueve años. A veces cuesta creer que el tiempo pase tan rápido.  En esa época trabajaba en Indymedia Argentina, aunque trabajaba es un decir, porque lo hacíamos de onda, sin cobrar nada: eramos voluntarios. En el 2002  los blogs eran algo desconocido y las redes sociales casi no existían. Indymedia permitía publicar textos, fotos y audio de forma instantánea, sin registro previo. El sistema de publicación abierta fue un invento de un grupo de técnicos que quiso hacer una cobertura alternativa de la cumbre de la OMC (Organización Mundial del Comercio) en Seattle en 1999. Aquella cumbre fue el nacimiento del llamado movimiento antiglobal, y de Indymedia como una red de información alternativa, la primera a nivel mundial.
En el  2001, un grupo de canadienses llegó a Buenos Aires y nos invitó a hacer lo mismo acá. Indymedia en Argentina fue un fenómeno marginal hasta el 19 de Diciembre de 2001. Cuando el país estalló, indymedia se convirtió en un canal de miles de personas que necesitaban expresarse. El slogan era “cada persona es un corresponsal”.
El 25 de enero de 2002, un grupo de piqueteros cortó el Puente Pueyrredón. Nosotros nos pasábamos los días entre piquetes y cacerolas, así que ahí estábamos. Ese día entrevisté a Dario Santillán.
El audio todavía está en la web. Acá se lo puede escuchar:


La desgrabación del reportaje se puede leer acá.

Cinco meses después de esa charla, Dario caía bajo las balas de Franciotti, hoy condenado a cadena perpetua y cumpliendo su pena en la Unidad 42 de Florencio Varela. En mi memoria -que es corta- están grabadas varias escenas de ese día. Tiempo después escribí un texto sobre Dario, que por esos días circuló bastante. Creo que hoy hubiese usado otras palabras -pasó tanto tiempo- pero en esencia sigo pensando lo mismo que está dicho ahí.

De aquel 26 de junio me acuerdo haber estado sin dormir y sin llorar como me hubiese gustado, tratando de dar una mano para desmentir el aluvión de mentiras de los medios masivos. Fueron momentos en el que los medios alternativos lograron disputarle a los masivos la construcción del sentido de una forma efectiva.
Un mes después de la masacre, sacamos una especie de documental, donde apareció otra entrevista que le había hecho a Dario algunas semanas antes de la masacre. Una parte del video se puede ver acá:

En el 2005, poco antes del juicio a los responsables de la masacre, con Julia Masvernat armamos un sitio con todo el material y las evidencias disponibles. Durante todo el juicio, la gente de Prensa de Frente lo actualizó día a día, y lo convirtió en un documento histórico. Esa web todavía está disponible acá: www.masacredeavellaneda.net, y vale la pena tenerla a mano, aunque se perdieron algunas de las fotos.
Después, mucho después, la conocí a Mabel, a la que todos llamaban la viejita del andén. Mabel decía que Dario era santo, que ella lo supo desde el primer día: era su ángel protector de sueños. Su prédica me pareció bellísima y escribí este texto. Hace casi dos años, cuando con Sub nos invitaron a hacer un trabajo sobre la memoria para Bienal de Arte de Cuenca, decidimos retomar esa idea de Mabel, (cuya foto encabeza este post) y ganamos el primer premio.
Es increíble cuanto cambió todo en estos últimos años. Las posibilidades de comunicación, el uso de las cámaras digitales, lo facil que resulta expandir una noticia en las redes sociales. La tarea de contrainformar hoy es más horizontal que nunca, y dejó de ser un oficio que ejercíamos unos pocos locos y aventureros. Lo que creo que se sigue confundiendo es el termino de periodismo militante: no creo que los trabajadores de prensa -osea: los que cobramos un sueldo por hacer nuestro trabajo- podamos entrar en esa categoría. Sí podemos ser más o menos comprometidos con nuestro trabajo, tratar de apoyar causas que consideremos justas, evitar escudarnos tras una pátina de una supuesta objetividad y  dejar de creernos guardianes de la ética y la moral públicas.
Pero militante, lo que se dice militante: eso era Dario Santillán.

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3 comentarios en “Dario Santillán

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